La farsa de que debemos ser diferentes

En los últimos años (o décadas) se ha venido sobrexplotando la idea de que debemos ser diferentes. Debemos ser líderes y no seguidores, no borregos, porque de esta manera no trascenderás. Sin embargo se crea un problema: ahora todos quieren ser líderes y nadie quiere ser seguidor.

¿Qué es o que sucede? Que se crea un estrés por querer ser diferentes. Queremos sentirnos super creativos, refutamos la idea de que imitamos, y hasta negamos copiar o seguir a nuestros ídolos, como si fuera un delito.

Desde libros como Juan Salvador Gaviota, hasta publicidades que te señalan que el no ser diferente estar mal, han provocado que muchas personas se sientan mal por tener una vida “típica”. Error.

Lo paradójico.

A la vez que la gente se siente diferente, cuando se habla de modas, pocos son los que reconocen estar fuera de ellas, supongo para no sentirse rechazado o marginado. O sea, queremos ser diferentes y aceptados.

Es tan paradójico como el hecho de que en este momento es moda ser hipster.

Por otro lado, respecto al liderazgo, ¿Se puede ser líder sin ser diferente? ¿Se puede ser diferente sin ser líder? ¿Hay algo malo en no ser líder? ¿Hay algo malo en no ser diferente? Sí, sí, no y no.

¿Y si no quiero ser diferente?

Cada quien debería elegir acorde a su educación y a su naturaleza. Hay personas a las que no se nos da ser tan diferentes, hay personas a las que no se nos da ser iguales a los demás. Habemos muchas otras personas que somos mixtas: somos muy diferentes en muchos aspectos y “muy iguales” en muchos otros. Y ninguno está mal.

En mi vida sólo aspiro a tener una familia con mucho amor: una esposa que me dure hasta la vejez, unos hijos a quien amar y que nos amen, y unos perros cariñosos a quienes cuidar. Aspiro a tener una casa grande, buenos carros y divertidas vacaciones con mi familia. Y no pido más. Como ven, una familia típica y estereotipada.

¿Querer una vida típica y no querer ser diferente quiere decir que eres una persona mediocre o conformista? Para nada. Cada quien puede enfocar sus esfuerzos en mejorar su vida de diferentes formas. Te puedes poner metas, puedes esfrozarte en convivir más con tus amigos, en hacerte mejor en tus hobbies, en fin, enfocar tus esfuerzos en eso que disfrutas y quitarte el estrés de querer hacer algo diferente.

¿Para qué querríamos ser diferentes?

Porque nos han vendido la idea de que sólo así seremos exitosos y felices. No niego que muchas veces el ser alguien diferente sea rentable en muchos aspectos (aunque muchas veces también puede ser muy improductivo), lo que tampoco tiene nada de malo, el problema es cuando se convierte en una obsesión o cuando dejas de ser tú.

También es cierto que todas las personas que han sido importantes en definir la historia de la humanidad, han sido sobresalientes, sin embargo, aunque es tentadora la idea de querer que las futuras generaciones sepan que estuvimos en este planeta, también creo que en el fondo no es más que orgullo, un orgullo muy necio que queremos que trascienda nuestra vida.

Recomendación de Xavier Velasco

Alguien, alguna vez, me recomendó a leer a Xavier Velasco. No lo he hecho, pero hoy, lo encontré en Twitter y me dieron ganas de leerlo. Le pedí que me recomendara por cuál de sus libros empezar, y hasta el segundo intento, me respondió. Diablo guardián será el primero.

Por qué NO debes guardar la cartera en la bolsa de atrás del pantalón

Una breve introducción a mi cartera.

Siempre he utilizado cartera de piel, de preferencia de 2 hojas (ni siquiera sé si se les dice así), y siempre negra o café (así soy de tradicional).

¿Qué cargo en ella?

  • Mi IFE, licencia, CURP.
  • Mis tarjetas de crédito, débito y departamentales.
  • Tarjetas de puntos (cine, Mixup)
  • Unas estampitas de unos santos.
  • Dinero.
  • Papelitos.

El punto es que mi cartera es sometida regularmente a un proceso de limpieza (regularmente mientras estoy aburrido en el baño), y aún así, generalmente tiene un grosor de 3 cm, lo que la hace muy voluminosa.

El Problema.

Creo que la gran mayoría de los hombres acostumbramos (o hemos acostumbrado) guardar la cartera en la bolsa trasera del pantalón. La verdad es que es muy práctico guardarla en ese lugar, ya que es mucho más accesible que al guardarla en cualquier otro lado. Desde que comencé a utilizar cartera (desde que iba en la primaria) y hasta hace algunos 6 o 7 años, yo solía hacer lo mismo, sin embargo, comencé a tener dolores de espalda. Típico: al principio, crees que después de unos días los dolores se irán, o piensas “de seguro dormí chueco”. Pues en mi caso no se iban. Así que decidí aplicar un viejo consejo que ya había escuchado de diferentes personas:

“No guardes la cartera en la bolsa de atrás”.

Y es que este consejo suena más fácil de lo que parece aplicarlo. La costumbre de usar la cartera en la bolsa trasera del pantalón está tan arraigada, que el día que no sientes que estás sentado sobre ella, sientes que se te olvidó algo y estás intranquilo. Algo parecido a cuando a uno se le olvida el celular en casa.

Recuerdo bien que los primeros días que comencé a guardar mi cartera en la bolsa delantera en lugar de la de atrás, aparte de sentirme extraño, incluso me era más incómodo el sentarme, sin embargo, aguanté la tentación de regresarla a donde había estado tantos años, e “increíblemente” después de unas semanas, todos los dolores de mi espalda desaparecieron. Quiero pensar que esos primeros días de incomodidad al sentarme era porque mi columna estaba regresando a su postura natural.

Desventajas de guardar la cartera en la bolsa trasera.

Desventajas importantes:

-Probable causa de neuritis ciática. Y como no soy doctor ni sé bien explicar esto, les paso un fragmento de Wikipedia:

La ciática (o neuritis ciática) es un conjunto de síntomas que incluyen dolor que puede ser causada por la compresión general o irritación de una de las cinco raíces de los nervios espinales que dan origen a cada nervio ciático, o por la compresión o irritación de la izquierda o hacia la derecha o ambos nervios ciáticos. El dolor se siente en la zona lumbar, glúteos, o diversas partes de la pierna y el pie. Además del dolor puede haber entumecimiento, debilidad muscular, hormigueo o sensación de hormigueo, sensación de ardor y dificultad en el movimiento o el control de la pierna. Típicamente, los síntomas sólo se sienten en un lado del cuerpo.

Podemos sintetizar toda esta descripción diciendo que comenzarán a sentir dolores en la espalda generados por una postura incorrecta, lo que desencadena a su vez diversas molestias.

Lo que pasa es lo siguiente:

-La columna vista lateralmente, debe tener forma de “S”. Pero…

-La columna, vista desde atrás, debe tener una forma recta.

¿Qué es lo que sucede cuando nos sentamos sobre la cartera?

Que la columna no puede mantenerse recta porque está más levantada de un lado que de otro, sin embargo, intentando recuperar su forma original, forma una torsión que es la que comienza a causar los dolores. Encontré este dibujito que explica mejor lo que quiero decir:

Cartera en la bolsa de atrás del pantalón

-Generada de esta torsión de la columna, se pueden provocar además, dolor de hombros y de pelvis.

Otra desventaja importante y que no está relacionada con la salud, es que al portar la cartera atrás, es mucho más fácil que te le saquen al ir en la calle o en algún lugar concurrido.

Desventajas estúpidas (pero desventajas al fin):

-Te dura menos la cartera. Debido a que estás sentándote constantemente sobre ella, el roce hace que se desgaste más rápido y el peso que se deforme.

-No es estético. La simetría juega un papel fundamental en la estética, por lo que el traer un bulto en la bolsa trasera del pantalón, no se ve bien. O al menos eso dice esta nota.

Ventajas de guardar la cartera en la bolsa trasera.

Ventajas estúpidas (no hay importantes).

-Practicidad a la hora de sacar la cartera.

Cada quien sabe lo que hace con su cartera y con su trasero, pero como ven, las ventajas de usar la cartera en la bolsa delantera del pantalón (o en el saco o chamarra) en lugar de en la bolsa trasera del pantalón, puede ahorrarles varios dolores de espalda y consecuencias más graves. Yo seguí el consejo y la verdad es que no vuelvo a guardarme la cartera en la bolsa de atrás en toda mi vida.

Dibujo obtenido de: Fun in Store

Estar gordo

Nunca he hablado ni escrito de este tema, así que prepárense porque hay muchas cosas qué contarles, y al final, créanme que me conocerán mejor.

A nadie le gusta estar gordo. Habrá gente que diga lo contrario, “que hay más de donde agarrar” “que prefieren estar gordos a ser un palo”. Mentiras. Repito: A nadie le gusta estar gordo.

Mi caso no es grave, ya que yo tengo una vida normal, estoy sano, mi condición física (al correr, por ejemplo) es igual de mala que la de muchos que no están gordos, y estoy seguro que, aunque no tanto como quisiera, agarro más mujeres que muchos flacos, sin embargo, se supone debería bajar aproximadamente 30 kilos para estar “en mi peso”. Creo que mi tope máximo ha sido pesar 123 kg, y ahorita me encuentro en 115.

Es típico que uno ve a una persona y cree saber todo de ella por la apariencia. Igual pasa en este caso: uno ve a alguien gordo y cree que siempre ha sido gordo. Pero no. Yo era flaco de niño, hasta que llegaron aquellos tazos de los Looney Tunes en las papitas (¡hijos de puta!) y comencé a engordar. Recuerdo que había niños que compraban las papitas, le sacaban el tazo, y las regalaban o las tiraban, y yo pensaba -”¡Qué pendejos!”, cuando no me daba cuenta que el pendejo era otro.

Después, me metí a entrenar basket, y ayudado de la pubertad, adelgacé nuevamente en secundaria. Entrenaba todos los días, y todavía me ponía a jugar en mi casa. Ya ven la energía que se carga uno a esa edad. Pero los problemas regresaron cuando entré a prepa, y dejé de jugar basket, pero seguía comiendo igual, y comenzó a aumentar mi consumo de Coca-Cola (todavía me es un problema). Y así… pasé los 70, los 80 y los 90 kilos… hasta llegar a las cifras de 3 dígitos por allá entre el año 2004 y 2005 (no estoy seguro, pero según mis cálculos, por ahí fue).

Vida gordaca.

Uuuu si yo les contara… ok, lo haré. Hay tantas cosas de las que un flaco no se da cuenta que tiene que pasar un gordo, que se sorprenderían. Digamos que son cosas que sólo otro gordo puede comprender, porque los gordos somos como una hermandad de la que todos queremos salir, jajajaja.

Las sillas.

Por ejemplo, muy difícilmente un flaco sabe que para un gordo es mejor una silla sin reposabrazos, ya que no está la prueba de “qué tan bien vas a caber” en la silla, y por lo tanto, te sientas más a gusto.

La alcancía.

Hablando de sentarse, muchos piensan que a los gordos que se les ve la raya (también conocida como alcancía) a la hora de sentarse o de bajarse de un carro, es porque están adelgazando y se les cae el pantalón, pero ¿Qué creen? ¡Ni madres! es porque está lleno de grasa que el trasero se sube a la espalda, así como la camisa que está toda estirada, se sube. Por cierto, esta gente, aparte de gorda, es asquerosa, porque son cosas que se pueden evitar. Producto de estas incomodidades, hay niveles superiores en donde los gordos buscan sentarse en las mesas del rincón, “agandallando” la silla de la esquina, para que no los vean en caso de que se les levante la camisa. Tengo un amigo que es más gordo que yo, que siempre recurría a esta práctica, y no saben qué molesto es que alguien se quiera sentar forzosamente hasta la última mesa. En este tipo de cosas, también es cuando se aprecian las sillas que tienen un respaldo corrido (hasta abajo) cosas que no valoran los restauranteros, y que, créanlo o no, puede ser la diferencia para muchas personas entre que se sientan a gusto en su negocio o no. Por eso, siempre he pensado, si un gordo come más, ¿Por qué los restauranteros no hacen estudios de mercado con gordos para ver qué es lo que requieren para sentirse a gusto? jajaja ¡no es broma!

La ropa.

A un gordo, las suelas de los zapatos le duran menos. Les juro que esto de las suelas, es cierto, pero lo más, lo más jodido de engordar, es cuando dejas de comprarte la ropa que te gusta y empiezas a comprarte la ropa que te queda. Supongo que ha de ser todavía mucho más jodido tener que ir a tallas extras a comprar tu ropa, pero no he llegado a ese nivel, jajaja.

Las bolsas de los pantalones: a un gordo, la ropa le queda más ajustada (aunque sea de la talla correspondiente), y por lo tanto, las bolsas de los pantalones, sobre todo a la hora de sentarte, quedan muy justas, por lo que siempre será un mayor problema sacar las cosas del pantalón para un gordo que para un flaco.

Las jaladas de camisa: Un gordo que no haya estirado playeras, no es un gordo de verdad. Esto sucede sobre todo cuando estás pasando de nivel obeso, y estás dejando tus playeras, o cuando te encuentras en niveles muy, muy superiores, digamos ya mórbidos y tienen que estar estirándose siempre la camisa para que no se les vea la panza.

NO PUEDE HABER GORDOS FASHION. Por favor, transmitan este mensaje a todos los gordos que conozcan. A ningún gordo le va bien la moda, porque la moda está hecha para flacos (afortunadamente). Sin embargo, nunca falta el obeso que se quiere vestir muy fashion y termina viéndose ridículo. Lo mejor para un gordo siempre será vestirse conservadoramente.

Gordos y asquerosos.

Es repugnante toparte con cualquier persona sucia, pero más con un gordo sucio. Cuando estás gordo, sabes que sudas más, por lo que uno debe ser consciente que a veces es necesario bañarse dos veces al día, todos los días, echarse mucho desodorante y cambiarse la ropa diario y la camisa hasta 2 veces al día. Pero nunca falta el cerdo que no lo hace.

Un gordo tampoco debe dejarse el pelo largo o la barba, porque si de por sí la gordura no ayuda a la apariencia, con eso, sólo se va a ver más desagradable y sucio, aunque no lo sea.

Dolores físicos

Los dolores más comunes son de espalda y rodillas. Una vez, estaba platicando con un amigo (también más gordo que yo), y llevábamos como 15 minutos platicando parados, y en eso me dice -”wey (me gusta escribirlo con W), hay que sentarnos, ¿no? ya me están doliendo las rodillas”. Ahí fue cuando dije -”Fuck, no quiero llegar a eso”.

Las amistades y la obesidad.

He leído muchos artículos que dicen que la obesidad es contagiosa: es cierto, yo lo he vivido. Entre varios amigos, tenemos un amigo en especial, que todos los que nos juntamos con él, engordamos. Incluso en plan de broma solemos llamarle el “Efecto (y su apodo)”. Después pasa el tiempo y ya uno como que agarra inercia y ya no necesita de esa amistad gorda para seguir con los malos hábitos. Desafortunadamente, los hábitos saludables de las amistades, no se contagian con la misma facilidad, porque seamos honestos, si te dicen “vamos a cenar” o “vamos a correr”, ¿Qué prefieres?

Por otro lado, los que fuimos flacos que después engordamos, no saben cómo caga el encontrarte a alguien que no te ve en mucho tiempo y que te diga “te veo más repuestito”, “has estado comiendo muy bien ee” o ya gente más directa con un “no mames, qué gordo estás”, dan ganas de responder “te veo más puta que antes” o un “no mames, cada vez te ves más pendejo”, o qué se yo.

La obesidad y las mujeres.

De la vista, nace el amor. Eso es una realidad. Y aunque no quiere decir que cuando uno está gordo no se pueda agarrar nada, (así como tampoco quiere decir que a un flaco le lluevan mujeres), el estar gordo siempre será un obstáculo (para algunos más grande que para otros, porque aquí entra también la cuestión de la seguridad).

Tengo un amigo que antes estaba “mamadillo” y ahorita pues digamos que está muchos, pero muchos kilos arriba, y no precisamente de músculo (jajajajaja no saben cuántas ganas tengo de quemarlo aquí), antes tenía muchísimo pegue… y ahora, aunque todavía agarra (como todo mundo) sus mujeres, la calidad y la cantidad, han bajado increíblemente (¿Verdad ****? ← aquí va su nombre encriptado, jaja).

Mujeres: lo mismo es para ustedes, a casi ninguno (aunque estemos gordos) nos gustan las gordas. (Aunque tengo un amigo al que sí, por si les interesa, jajaja)

Pero… ¿Por qué engordamos?

Si no tienes un problema de salud, sólo hay 1 razón: por webones. (también me gusta escribirlo así: con W).

Sin embargo, esa flojera puede estar ocasionada por muchos motivos, creo yo, emocionales. Personalmente, creo que es cierto que uno externa cómo se siente en el interior, y si uno está gordo, es porque trae uno o muchos desórdenes en su vida. También he llegado a una conclusión similar con la recámara: cuando uno tiene una recámara limpia y ordenada, curiosamente es cuando uno se siente mejor, sin embargo, en los peores días, las recámaras también son un desmadre, pero bueno, ese es otro tema.

La obesidad es un eslabón muy fuerte de los círculos viciosos en los problemas emocionales de las personas. Si tienes baja autoestima, la obesidad te hundirá todavía más, si tienes ansiedad o estrés, la obesidad te estresará mucho más. Y por eso lo difícil de salir de ahí.

Por eso me burlo de todos aquellos que van con los nutriólogos, que toman cosas que los harán bajar de peso, o que llegan a recurrir a cosas más drásticas, como el quirófano. Pero vamos burlándonos paso por paso.

Cuando queremos ser flacos.

Cuando queremos adelgazar, recurrimos a todo lo que se nos ocurre y que nos ofrecen, por ejemplo.

Los nutriólogos.

Los nutriólogos son esos profesionales que ahorita están pululando como conejos (¡y qué bueno!). Sin embargo, creo que la principal función de los nutriólogos debería ser la de educar. Es más, creo que debería haber nutriólogos impartiendo clases en las primarias. Y uno que ya es mayorcito, pues debería acercarse a ellos para aprender, no para que nos den una dieta para bajar de peso, aunque por otro lado, ¿Quién los culpa? si en sólo entregar dietas está el negocio, ¿pues por qué no hacerlo?. Pero seamos sinceros, a menos que tengas alguna enfermedad o situación especial, ¿Quién no sabe qué es lo que debe y lo que no debe comer para estar en forma?

En mi vida, he ido 2 veces con nutriólogas: la primera vez sí fui como a 4 sesiones (1 cada quince días) y bajé 4 kilos. La segunda vez (muchos años después) fui sólo 1, y bajé 11 kilos.

En una dieta, tenía que estar midiendo y pesando lo que me comía: insostenible llevar una dieta así. En la otra dieta, no me especificaban cantidades exactas pero me ponían cosas como “quesadilla de panela con lechuga en lugar de tortilla”, (ahh sí, ¿y por qué mejor no me das una patada en los testículos para hacerme sufrir más?). Simplemente ridículo. ¡Ah! y olvido cosas como, -”y aparte de la dieta, procura caminar 7 km al día”, pues sí… y también tomo mucha agua, ¿No? Por lo que sólo sentí que fui a tirar el dinero, porque aparte de poner cosas incomibles, me dio consejos demasiado lógicos.

Ninguna de las dos veces que he ido con la nutrióloga he seguido la dieta más de 1 semana, y sólo he dejado de comer cosas que sé que no debo comer, y así es como he bajado… cuando he bajado.

Por eso, repito, siendo honestos ¿Quién necesita a un nutriólogo para ponerse en forma?

Las pastillas y productos milagro.

Neta, paso de escribir sobre esto.

Las cirujías.

Otra estafa. Conozco personas que se han hecho la lipo, y que a los 6 meses están igual de obesas que cuando decidieron intervenirse. O sea que sólo gastaron un dineral, y lo peor, pusieron en riesgo su vida y sufrieron en vano.

Por otro lado, tengo a un amigo que se puso la banda gástrica, y sí se ha mantenido delgado, pero resulta que ahora y por la eternidad, debe estar a dieta, porque si no, su vida estaría en riesgo. O sea, ¿fue a pagar para intervenirse y obligarse a estar a dieta? Muy triste.

La solución.

La solución es sumamente fácil. Las veces que yo he bajado de peso, simple y sencillamente han sido poniéndome a hacer ejercicio. Si quiero acelerar el paso, dejo de comer cochinadas y sobre todo de cenar cochinadas. El problema de esto es que se necesitan dos cosas importantes: fuerza de voluntad y disciplina, y estas no te las dará ni el nutriólogo, ni el quirófano, ni las podrás comprar por televisión. Por eso, el principal trabajo que creo se debe hacer, es buscar en tu persona eso que te impulse y ordenar eso que tienes pendiente en ti. En mi caso, motivadores tengo muchos, la disciplina es la que siempre me ha fallado, pero ya trabajo en eso.

Cambiar pequeños vicios

En estos días he decidido hacer un pequeño cambio en un aspecto en los que más tiempo desperdicio: Twitter. Intenté borrar todos mis tweets pero fue imposible, y sólo pude borrar 3000, así que sólo decidí dejar de publicar en mi cuenta (@buhowl) y ahora solamente funciona como feed para cuando publico algún artículo en mi blog personal, hago algún checkin (por cierto, también he dejado de utilizar Foursquare en gran medida), o subo alguna foto a Instagram o a Flickr.

De repente sí reviso uno o dos minutos a ver si hay algo interesante, pero ya no me preocupo por estar publicando cualquier tontería que llegaba a mi cabeza ni en estar recorriendo el timeline procrastinando así cosas más importantes.

¿Qué he ganado con esto?

Más tiempo para hacer cosas que me gustan y (creo) que me nutren más: escribir más en mi blog, leer más en mi Kindle, comenzar a dibujar en Sketchbook Pro, etc.

Muchas personas han experimentado lo mismo principalmente con Facebook, y aunque este para mí no representa un problema, siempre es bueno detectar en qué tiramos nuestro tiempo para aprovecharlo en hacer cosas que disfrutemos más, o nos ayuden más.

Actualización:

He regresado a Twitter, pero ya no representa un problema. Ahora el problema es nuevamente Facebook. Comenzaré por desactivar las notificaciones.

Los cuentos de Nasrudin (o de Nasreddin)

No conocía los cuentos de Nasrudin hasta hoy que un amigo me preguntó si los había leído alguna vez. Me puse a leer algunos, y estos dos que les pongo abajo, realmente se me hicieron muy buenos.

Las Apariencias

Cuenta el sufi Mula Nasrudin que cierta vez asistió a una casa de baños pobremente vestido, y lo trataron de regular a mal y ya para salir dejó una moneda de oro de propina.

A la semana siguiente fue ricamente vestido y se desvivieron para atenderlo…y dejó una moneda de cobre, diciendo:

-Esta es la propina por el trato de la semana pasada y la de la semana pasada, por el trato de hoy.

 

La Mujer Perfecta

Nasrudin conversaba con un amigo.

– Entonces, ¿Nunca pensaste en casarte?

– Sí pensé -respondió Nasrudin. -En mi juventud, resolví buscar a la mujer perfecta. Crucé el desierto, llegué a Damasco, y conocí una mujer muy espiritual y linda; pero ella no sabía nada de las cosas de este mundo.

Continué viajando, y fui a Isfahan; allí encontré una mujer que conocía el reino de la materia y el del espíritu, pero no era bonita.

Entonces resolví ir hasta El Cairo, donde cené en la casa de una moza bonita, religiosa, y conocedora de la realidad material.

– ¿Y por qué no te casaste con ella?

– ¡Ah, compañero mío! Lamentablemente ella también quería un hombre perfecto.

Cuando encuentras la felicidad

Reproduzco aquí el post que publiqué en mi blog personal: “Cuando encuentras la felicidad”.

Entender la felicidad no siempre es fácil. Pareciera que muchos creen que es un tesoro que una vez descubierto, les arreglará sus vidas.

No debemos hacer nada para ser felices; debemos ser felices para poder hacer todo. Pero no siempre es fácil.

Saber cómo llegar y comprender a la felicidad es el resultado de un proceso personal muy intenso.

Yo ya encontré la felicidad: se encuentra en las personas que aman lo que hacen, que aman lo que tienen y que aman a quienes le aman. ¿pero cómo lograr eso? No es fácil, o al menos yo lo he podido lograr a plenitud, pero un paso importante es dejar de idealizar: dejar de idealizar personas, situaciones y circunstancias.

Otro paso fundamental es dejar de compararte.

Sólo así serás feliz.

Cuando encuentras la felicidad

Entender la felicidad no siempre es fácil. Pareciera que muchos creen que es un tesoro que una vez descubierto, les arreglará sus vidas.

No debemos hacer nada para ser felices; debemos ser felices para poder hacer todo. Pero no siempre es fácil.

Saber cómo llegar y comprender a la felicidad es el resultado de un proceso personal muy intenso.

Yo ya encontré la felicidad: se encuentra en las personas que aman lo que hacen, que aman lo que tienen y que aman a quienes le aman. ¿pero cómo lograr eso? No es fácil, o al menos yo lo he podido lograr a plenitud, pero un paso importante es dejar de idealizar: dejar de idealizar personas, situaciones y circunstancias.

Otro paso fundamental es dejar de compararte.

Sólo así serás feliz.

Esto es lo que pienso acerca de la muerte

Todos sabemos que moriremos. Es curioso que sabiendo eso, el temor a la muerte sea algo recurrente en muchas personas. Yo le tenía miedo.

Un día hace unos cinco o seis años, por la noche, a punto de dormir, sentí que moriría: no me dolía nada, no me sentía mal, simple y sencillamente tenía un sentimiento de que no iba a despertar… y estaba tranquilo, como nunca. Desde ese día, el miedo a la muerte se fue. Sé que cuando lleguen mis segundos finales y tenga que morir, sentiré una calma y una paz igual a la que sentí ese día. Creo que todas las personas que han muerto han sentido lo mismo antes de partir. Y por eso ya no temo.

Me preocupa más si pienso en la muerte de los demás que si pienso en la mía. Aunque creo que eso es egoísmo.

Veía antier la película de Monster’s Ball y me puso a reflexionar una vez más sobre la muerte. Lo feo de la muerte no es la muerte sino el sufrimiento previo que hay en la mayoría de los casos. Pero la muerte es catártica. La muerte libera.

Cosas que he imaginado.

Suena trillado pero me gustaría que tuviéramos un botón de apagado y así evitar sufrimientos. Es más, me he imaginado que tenemos un botón que nos permite morir tres veces, siendo esta última, la definitiva. O sea, te puedes morir y arrepentirte. Estoy seguro que muchos ya hubieran gastado dos oportunidades, y al final sería lo mismo.

¿Cómo me gustaría morir?

De un infarto fulminante. ¡Pum! Ya no estás.

Antes me preocupaba (mas realmente nunca me he ocupado) por saber cosas que pudieran causar infartos y problemas cardíacos, para evitarlas. Ahora (como si dependiera de mí) he decidido que ese quiero que sea el medio para irme al más allá cuando llegue la hora. Justamente ayer le comentaba a mi mamá eso, y me criticó. Dice mi madre que una cosa es morirse ya grande y otra cuando se supone debería haber todavía mucha vida por delante. A mí la edad a la que muera, no es algo que me preocupe, aunque claro, si llevo una buena vida, me gustaría vivir por lo menos cien años.

¿Qué creo que hay después de la vida?

Mi religión dice que la vida eterna junto a Dios. No lo sé, pero sí creo que hay calma, como la que sentí aquella noche.

Por eso, si me preguntan ¿Miedo a la muerte? ¡Miedo a la vida! Que dicen sólo hay una… y es muy corta.