Por qué no estudiar un MBA

Yo era de esos que querían estudiar un MBA. Tenía la idea de que una vez adquiriendo un poco de experiencia, mi futuro era aplicarme para estudiar algún MBA en una institución alcanzable. Hoy no quiero, ni tantito, hacerlo.

¿Por qué ya no me interesa estudiar un MBA?

 

Odio la burocracia.

Y si hay burocracia en algún lado, es en las universidades y en los organismos que otorgan becas.

Aparte del típico papeleo, del estar pendiente de fechas, de tener que ir a diferentes lugares con diferentes solicitudes, de gastar en pruebas, de llenar muchísimas aplicaciones, está el tiempo que debes dedicarle, como el de capacitarte durante más  de un año para el GMAT u otras pruebas, para luego durar otro año más en el proceso de aplicación, para ver si entre cientos de miles de aplicantes eres de los afortunados. Para mí, no lo vale.

 

No tengo entre 100 000 USD y 200 000 USD … y aunque los tuviera, ¿los vale?

Actualmente todo el mundo quiere estudiar un MBA, y por eso, 265 000 personas realizan el GMAT cada año (aunque claro, esta prueba también se utiliza para admisiones a otras maestrías). Sin embargo, obviamente, tantas personas con MBA, ya no lo hacen nada exclusivo, y por lo mismo, se abarata, o sea, el MBA no te asegura un buen sueldo, y la deuda (o el gasto para las personas que los tienen) es enorme.

Sé bien que uno no estudia (ni debe hacerlo) pensando en términos financieros, ni viéndolo como negocio, sino como un crecimiento personal. Y créanme, sé de lo que hablo. Estudié en el Tec de Monterrey, y una parte de la colegiatura fue mediante el financiamiento de la misma institución. Me gradué con una gran deuda y no me gustaría hacerlo 2 veces en mi vida. No porque crea que la educación no lo vale, por supuesto que sí, pero simple y sencillamente creo que ya estoy en una edad en la que debo preocuparme más de qué voy a vivir toda mi vida, y no de seguir adquiriendo deudas y perdiendo el tiempo en estudios que tal vez económicamente no me represente nada, y por el contrario, que financiera mente me pudieran estancar mucho tiempo.

Como dijo Josh Kaufman: Los estudiantes de MBA deben “hipotecar sus vidas” y “endeudarse terriblemente” para obtener “básicamente un pedazo de papel”.

 

Estudiar para ser empleado.

Mientras más leo, más me convenzo que las universidades siguen educando bajo el paradigma de ser empleado. Y no tiene nada de malo el ser empleado, yo lo soy, pero no es lo que quiero para toda mi vida, porque como empleado, siempre tienes un techo económico mucho más bajo.

 

La educación como negocio.

Me refiero al negocio de las escuelas de negocios. Lo es, pero no pienso participar en ello en este momento de mi vida. Ni utilizar mi dinero para salvar económicamente las universidades  debido a recortes presupuestales.

Peor aún, leyendo que la educación que se imparte, cada vez está peor.

 

No intento convencer a nadie que piense estudiar un MBA de que no lo haga. Simple y sencillamente les cuento el por qué a mí ya no me interesa, desde mi situación actual. Cuando próximamente llegue a estar en la posición de muchos empresarios que no tienen un futuro económico de qué preocuparse y deciden estudiar uno, tal vez les cuente otra cosa.

 

 

Carta

Amor,

Si estás leyendo esto es porque tuve el valor de enviártelo por correo. Bien por mí.

No me conoces muy bien, pero si me dejas comenzar, tiendo a insistir sobre lo difícil que es escribir para mí. Pero esto, es lo más difícil que tuve que escribir.

No hay una forma fácil de decirlo, entonces, te lo diré: Conocí a alguien.

Fue sin querer. No lo buscaba. No estaba en los planes. Fue una tormenta perfecta. Dijo algo, le respondí. Lo que supe es que quería pasar el resto de mi vida en medio de esa conversación. Ahora tengo esta sensación en mis entrañas: “Podría ser ella”. Está muy loca y me hace reír. Es muy nerótica. Con todo lo que eso significa, ella eres tú. Esa es la buena noticia.

La mala, es que no sé cómo estar contigo justo ahora, y eso me asusta. Porque si no estoy contigo ahora, tengo la sensación de que nos perderemos por allí. En un mundo grande y malo, lleno de giros y de vueltas, la gente parpadea y se pierde el momento, el momento en el que pudiste haber cambiado todo.

No sé qué sucederá con nosotros. Y no puedo decirte por qué deberías confiar en mí. Pero, demonios, hueles tan bien, como el hogar, y haces excelente café. Debe servir para algo, ¿No?

Llámame.

Siempre tuyo,

Carta tomada de Californication. Temporada 2. Capítulo 10, “In Utero”.

 

Mis propuestas para el futbol – For the Good of the Game

For the good of the game

A pesar de su slogan, no hay nada que dañe más al futbol que la FIFA. Esa terquedad de no adaptarse a tiempos actuales, de no adoptar tecnologías que pudieran beneficiar tanto al futbol, como lo ha hecho a otros deportes como el Volley ball, el tennis o el americano, está haciendo que el futbol, se estanque, y mientras otros avancen, éste retrocede… aunque no sea una competencia.

Pero el mayor problema no es ese, sino los aburridos partidos que se dan alrededor del mundo, esa mentalidad defensiva que ha sido una peste que ha llegado a casi todos los entrenadores del planeta.

Me cuenta mi papá que hace varios años, los equipos jugaban con 5 delanteros. Cuando yo era chico, una formación regular era de 3 delanteros. Hoy un equipo “ofensivo” juega con 2, regularmente sólo queda 1 puntero, y cuando el equipo se echa atrás, ese puntero no pasa de la media cancha. Ridículo.

Por eso, si yo tuviera poder en la FIFA, decretaría lo siguiente:

-Se eliminaría el fuera de lugar.

-Se eliminaría el esquema de puntos.

-De ahora en adelante, sólo contarían los goles a favor. (En caso de empate, se consideraría la diferencia de goles, o sea, los goles en contra.)

Nada de tecnología, nada complicado. Se pudiera implementar a partir de que empezara el siguiente torneo en cualquier parte del planeta. A los equipos no les quedaría de otra que buscar el gol. Se romperían muchos récords. El público estaría feliz. For the good of the game.

Mi opinión sobre La Estela de Luz

Estela de Luz

No me molesta que se hayan gastado casi mil millones de pesos en un monumento, ya que la memoria de un acontecimiento tan relevante, para mí, lo justifica. No me importa que s ehayan gastado otros 3 millones en la inauguración, no debían escatimar en celebrar 200 años de Independencia.

La Estela de Luz, aunque no la he visto en vivo (espero hacerlo en las siguientes semanas), no es de todo mi agrado, sin embargo, el gusto es subjetivo, y por lo tanto, no es un argumento válido para criticar la obra. Qué parece Suavicrema, que parece pared para rapel, puede ser, pero eso tampoco me molesta.

Lo que es imperdonable, aparte de la pésima planeación y probable corrupción (cosas a las que desgraciadamente ya estamos acostumbrados), es el haber inaugurado la obra año y medio después del Bicentenario. Porque en este país, en donde conmemoramos hasta cosas que no deberíamos, este tipo de celebraciones históricamente han sido casi casi sagradas. Pero hasta eso hemos perdido.

No puede ser que Porfirio Díaz, a quien tanto ha satanizado la historia oficial, cien años antes le haya puesto a los políticos contemporáneos, una lección de cómo hacer grandes obras… a tiempo. Según leo, el proyecto del Ángel de la Independencia comenzó 14 años antes de su inauguración, pero lógicamente las circunstancias tecnológicas y económicas no eran como las de hoy.

“La generación del fracaso” ha llamado Ciro Gómez Leyva a esta generación de políticos. A veces siento que les queda corto el título. Y eso es lo grave, que no es cuestión de un político o un partido, pues recordemos también el retraso en la inauguración del Senado, que costó casi 4 veces más que la Estela de Luz, y que también conmemoraría los 200 años, y por último, ni qué decir de la casi nula celebración  que hubo en los estados, en donde a los gobernadores se les olvidó que sus respectivos estados también son parte de México.

Qué triste, así nos tocó celebrar los 200 años. Ojalá que quienes estén aquí para el tricentenario, ya tengan un mejor país, sean mejores personas que los que vivimos actualmente, y por lo tanto, hagan las cosas bien. Sólo eso.

 

Foto: Gobierno Federal

Mi 2011

Debo reconocer que hacía mucho que no terminaba un año tan agradecido, y sobre todo, contento. Este año que acabamos de terminar, fue para mí, un año de aprendizaje a más no poder. He mejorado cosas que hacía años quería cambiar, he iniciado procesos de superación contínua, he comenzado con nuevos proyectos personales que en este 2012 fortaleceré.

Como nunca antes, en estos momentos ya tengo más claros mis objetivos para este 2012, y no hablo sólo de los típicos propósitos que anotamos a modo de tareas en una lista, sino de realmente saber qué quiero lograr este año con mi vida.

Quiero dar gracias a la vida por todas esas maravillosas personas que conocí en este año, que fueron varias. Gracias también a todos esos amigos que llevan años a mi lado. Gracias a mi familia que me ha dado su amor desde antes de que naciera.

¡Feliz 2012! En verdad, ¡Feliz 2012!

 

Mi Navidad 2011

Mis papás se han ido a dormir y mis hermanos están a punto de hacerlo, pero yo, yo tengo ganas de escribir. No sé bien que tanto quiero plasmar, son tantas las cosas que quiero decir, que no sé por dónde comenzar.

Agradezco a Dios el permitirme pasar una Navidad más al lado de mis papás y de mis hermanos. Si algo intento aprovechar, son los momentos con ellos.

Hoy fui a la iglesia junto con mi familia, y a diferencia de otros años, pedí más por los demás que por mí. Siento que Dios me ha ayudado demasiado este año, que aparte de agradecerle, oré para que ayude a todas esas personas que tienen problemas realmente graves: enfermedades, sufrimientos, pobreza.

He aprendido últimamente a actuar con más amor, a ver lo bueno en cada persona y a ser más optimista, y la vida me ha respondido de una mejor forma. No es casualidad que esto me está sucediendo cuando he retomado el acercarme a Dios nuevamente mediante la oración y el ir a misa, lo que dejé de hacer durante muchos años.

Este año, al igual que en los demás, cené delicioso, pero ahora hubo una variante que me gustó en nuestra convivencia, y es que, aparte de entregar nuestros respectivos regalos, al final, hicimos una dinámica, en la que cada quien escribió en una hoja las cualidades que vemos en los demás, es decir, yo ahorita tengo 5 hojas (mis papás y mis 3 hermanos) con cualidades que ellos dicen que tengo. Atesoraré esas hojas para recordar siempre cómo puedo ayudar a los demás, para valorar las cosas buenas que tengo y para intentar tener las cualidades que hagan falta en esos papeles.

Me encanta la Navidad, no sólo es el clima fresco que comienza en estas fechas, no sólo son las decoraciones hermosas de casi todos los lugares, no sólo son los regalos y los aguinaldos, que claro, también se disfrutan, pero en estas fechas hasta la actitud de la gente cambia, además, me hace reflexionar sobre tantas cosas que he vivido, que me sirve para ubicarme en el mapa, para poner los pies en la tierra.

Hay personas que han marcado mi vida y que ya no puedo compartir estas fechas con ellas, hay personas que seguramente amaré en un futuro y que hoy ni siquiera forman parte de mi vida, pero lo importante es agradecer por  las personas que hoy están a mi lado, y aprovecharlas, y amarlas.

¡Qué genial es que Navidad sea a una semana de año nuevo! Así tenemos toda una semana de profunda reflexión para iniciar con todo el año siguiente… aunque deberíamos iniciar en el momento que lo decidimos, pero bueno, las personas somos de ciclos, y eso ayuda.

Al final, sólo quiero desearles a todas las personas que lean esto, que espero tengan todas las bendiciones con las que Dios me ha cubierto, que amen a su familia, y que luchen siempre por todo lo que desean.

Siento que este texto está todo revuelto y que no tiene ni pies ni cabeza, pero bueno, así está mi mente en estos momentos, con tantas cosas qué decir, que no sé bien cómo decirlas.

¡Feliz Navidad!