Recursos inhumanos

Los medios se han encargado de que al pensar en un sindicato, pensemos en personajes como Elba Esther Gordillo, como Romero Deschamps, personajes que se han enriquecido en nombre de la defensa de los trabajadores. La generalidad no es así. La generalidad es la de millones de trabajadores en todo el país, trabajando bajo abusos, injusticias e ilegalidades por parte de sus patrones y de millones de empresas. Por eso insisto: siempre será mejor un sindicato abusivo que un patrón abusivo.

No solamente son los sueldos de miseria que se ofrecen, no solamente son los requisitos llenos de racismo y discriminación a la hora de seleccionar personal: mujeres con buena presentación, hombres no mayores de 40 años, mujeres casadas, mujeres solteras, etc. Basta dar una revisada rápida a las ofertas laborales. Pero no sólo es eso,¿Cuántas personas trabajan en Colima (y en México) sin seguro social ni prestaciones de ley? ¿A cuántos trabajadores les cobran multas sus empleadores por cualquier capricho por el que se les ocurra descontarles de su sueldo? ¿Cuántos trabajadores no reciben un sueldo porque trabajan “por comisiones” o “por propinas”? ¿A cuántos exempleados los amenazan con demandarlos si trabajan en otra empresa de la misma industria queriendo prohibir que una persona trabaje en lo que sabe hacer? ¿Cuántas personas no ponen sus recursos como computadora, vehículo y teléfono sin recibir un pago a cambio de esto? ¿Cuántas personas trabajan bajo contratos mensuales para supuestamente evitar que generen antigüedad y evitar el pago de indemnizaciones si ya no los requieren?

Hoy los departamentos de recursos humanos no son departamentos que administren y cuiden el bien más importante de una organización: las personas, son departamentos que se han convertido en verdugos y ejecutores de injusticias patronales.

En las últimas semanas diferentes personas me han reportado injusticias en sus empleos con la finalidad de que lo haga público. No lo hago público por tratarse de problemas entre particulares, pero sí los señalo conservando el anonimato de ambas partes:

Una persona que después de tres años laborando en una empresa, al que le tocaban $40 mil pesos de liquidación, le pagaron el 10%. Es su primer empleo. Si demanda, no le dan carta de recomendación. Eso, aunado a que las empresas, cual mafiosos, tienen un “pacto de caballeros” en el que no contratan a un trabajador que decidió defenderse legalmente, y aquí entra otro caso:

Una mujer que superó todo el proceso de selección, pero cuando el área de recursos humanos descubrió que había demandado a su antiguo empleador, no la contrató. No les importó que la demanda hubiera sido por acoso sexual.

Otra persona, que después de trabajar ocho años para una empresa, la despidieron (junto a todos sus compañeros) de un día para otro, y no los liquidaron porque la razón social para la que supuestamente trabajaban la declararon en quiebra, aunque la empresa siga funcionando bajo otras razones sociales.

Otra persona que despidieron por tener una enfermedad hormonal que no afecta su trabajo, y por el cual, incluso, recibió reconocimiento antes de que supieran que tenía dicha enfermedad.

Dice Richard Branson: “entrena a tus empleados lo suficientemente bien como para que se puedan ir. Trátalos lo suficientemente bien para que quieran quedarse”. Aquí es el contrario: no los capacitan porque luego se les van. No los tratan bien… “que agradezcan que les dan trabajo”.

A los empresarios les gusta pararse el cuello al decir que generan empleos, como si los generaran por caridad y no por una necesidad operativa de su negocio. Como si lo hicieran por un favor y no porque necesitan del trabajo de otras personas para que su empresa funcione, pero ante circunstancias económicas adversas, los recortes de personal no fallan. ¿En dónde quedaron los empresarios como Eugenio Garza Sada?

Recursos inhumanos

De la política deben vivir los políticos, no los periodistas

Hay periodistas en los que vale más su pluma que su palabra. Parece que se han creído demasiado eso del “cuarto poder” y buscan obtener recursos públicos a como dé lugar para mantenerse: dádivas, “chayote”, venta de publicidad a entes públicos, subsidios, etc. Parece que se han creído tan poderosos que en lugar de limitarse a informar y opinar, se suben al ring contra actores políticos con los que disienten en cada oportunidad. Caso reciente José Cárdenas con López Obrador. Porque una cosa es diferir en opiniones, y otra, utilizar a los medios para mandar mensajes que bien cabrían mejor en un correo electrónico. Mucho de esto es consecuencia del “chayote”.

Mal estamos cuando los medios de comunicación y los periodistas necesitan del recurso público para subsistir, porque la publicidad no alcanza y porque los lectores no pagamos. Porque los medios tradicionales perdieron relevancia o tuvieron que experimentar una migración a Internet y contra Internet. Muchos se convirtieron en prostitutas del click (click whores) que en búsqueda de una impresión más del banner, se dedican a publicar contenido sensacionalista irrelevante, a publicar bajo reglas del SEO (optimización para buscadores) y no de la RAE. No es una crisis local ni nacional, pero es una crisis que ha provocado que periodistas se vendan por $200 pesos. No hay libertad de expresión si no hay libertad financiera.

Hablando de prostitución, tampoco prostituyamos el concepto de periodista. Los que nos limitamos a opinar e intentar influir en el quehacer político, no somos periodistas. No importa que hayamos estudiado ciencias de la comunicación, no importa que el término del diccionario nos respalde. Bien dicen en House of Cards: “no es periodismo si no es investigación”.

Un periodista no debería buscar la imparcialidad, un medio tampoco debería pregonar la misma. Ni es creíble, ni es rentable. Sin embargo, cualquiera de los dos, deberían tener la libertad para respaldar cualquier proyecto, por coincidencia ideológica y no por interés económico. Demasiado arriesgan algunos periodistas como para ni siquiera tener asegurado el sustento. Por eso, como consumidores de medios, deberíamos tener un compromiso de pagar por la información así como pagamos por lo tangible. Pagar a quien nosotros queramos, pero preocuparnos por la sustentabilidad de quien nos informa.

Celebremos, hoy 7 de Junio, más que la libertad de expresión, la oportunidad de expresarnos de los que no vivimos del periodismo, de los que jugamos “a la segura” detrás de un escritorio o de un micrófono, porque el periodista de verdad, no tiene mucho qué celebrar.

De la política deben vivir los políticos, no los periodistas

Adiós, Morrito.

Realmente conocí poco de él. Llegó a mi vida hace casi tres años después de que mi hermana lo recogió solitario y desnutrido en una gran avenida del DF. No sé qué tanto sufriría en la calle, pero su triple fractura de cola, su pata delantera chueca (por mal soldada), y la pérdida de dientes, fueron huellas de una vida difícil en la calle. Por su edad, ya no veía ni escuchaba muy bien. Yo digo que tenía 14 años pero en realidad no lo sé. Lo que pasa es que hace casi tres años que llegó a mí, me dijeron que tendría unos 11 o más. Por eso sentí siempre la obligación de cuidarlo y consentirlo más que a mis otros dos perritos. Y así fue. Aquí comió, engordó, jugó y durmió todo lo que quiso. Se adueñó de mi sala, y aunque nunca lo regañé por eso, añoraba tener mi sala limpia un día. Hoy ya no la quiero. Ese era su lugar favorito, en donde dormía horas y horas, como descansando de muchos años de sufrimiento. Aunque gozó de buena salud todo este tiempo, sus riñones ya no pudieron más. Se me fue muy rápido y ahorita ya está descansando. Ojalá en donde esté tenga un sillón en el que pueda seguir durmiendo a gusto. Lo extraño mucho.

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Adiós, Morrito.

Todos tenemos derecho a tener un taxi

En 1990, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, dentro de la ola de reformas desregulatorias y privatizadoras de su mandato, se dio la reforma al autotransporte de carga. Esta reforma, permitió que el sistema evolucionara de una industria basada en concesiones a una basada en permisos. Además, se eliminaron las regulaciones en las tarifas, en las rutas y en el cabotaje. Estos cambios permitieron, con los años, tener un sistema de autotransporte de carga transparente (a pesar de sus miles de fallas), que a su vez, se tradujo en un crecimiento acorde a las nuevas exigencias comerciales que enfrentaba el país. Hoy, si usted quiere comprar un camión y dedicarse al transporte de carga, puede hacerlo.

Por su parte, el sistema de taxis en cada estado del país, sigue trabajando igual que hace 50 años: mediante un sistema de concesiones otorgadas discrecionalmente y que sólo se han utilizado como pago de favores o como clientelismo político. Colima no ha sido la excepción.

Gracias al sistema de concesiones del servicio de transporte público individual que se maneja en Colima, la industria del transporte de pasaje individual, o sea, los taxis, se ha quedado estancada en todos los aspectos: falta de capacidad en cobertura, pésima atención a usuarios, unidades inseguras y en mal estado, cobros arbitrarios, etc. ¿Por qué no oxigenar la industria y abrirla a que cualquiera pueda tener un taxi? ¿Por qué si una persona tiene los recursos y el interés de incursionar en la industria del taxi no puede hacerlo? ¿Por qué no hacer un cambio en la ley como se hizo con el autotransporte de carga hace 26 años?

Hay quienes afirman que lo justo es otorgar concesiones a los choferes con más años de servicio. No. La tierra no es de quien la trabaja. Lo justo es que cualquier persona que quiera tener un taxi, tenga derecho a hacerlo. Que el mercado se encargue de regular la cantidad de estos, así como pasa con cualquier otro negocio: tienditas, taquerías, consultorios, etc. Migrar de un sistema basado en concesiones a uno basado en permisos, no eximiría a los permisionarios de regulaciones operativas y de seguridad que la naturaleza de este servicio requiere, pero sí permitiría que las ciudades contaran con un servicio en cantidad y calidad, acordes al siglo XXI.

 

El Chisguete.

Aunque muchos quieren fuera a la secretaria de movilidad Gisela Méndez, el ser una de las secretarias técnicamente mejor preparadas en su área, le da el respaldo y soporte para permanecer allí todo el sexenio.

Por su parte, quien dicen que ya casi se va, es Arnoldo Ochoa, de quien se afirma, ha tomado decisiones unilaterales como si él fuera el góber, lo que no le ha causado mucha gracia a Nacho, quien, por lo menos, ostenta el título constitucional de gobernador del estado.

Todos tenemos derecho a tener un taxi

La lucha en contra del matrimonio entre homosexuales es una lucha perdida

La lucha en contra del matrimonio entre homosexuales es como la lucha que emprenden los que están a favor de la tauromaquia: las dos están destinadas a la derrota.

Hay que saber elegir las batallas. ¿Para qué desgastarse yendo a marchar en contra de algo que es una tendencia mundial, y que además ya está legalizado? Personalmente estoy en contra del matrimonio entre homosexuales, pero no pienso en ir a marchar al lado de personas que ni siquiera tienen argumentos sólidos para defender sus ideas. La marcha tiene realmente sustentos muy débiles que divagan entre Dios, los niños, la educación sexual y el abuso. Nada concreto. Si me lo preguntan, incluso se me hace válido que metan a Dios porque cada quien es libre de expresar y defender sus creencias, pero no se me hace válido que metan a los niños en esto. Así que argumentos válidos es lo que le falta a esta marcha. He escuchado sustentos tan estúpidos como el que dice que la homosexualidad no es económicamente sustentable y va a generar una crisis mundial. Estupideces de esas son las que no comparto, en todo caso, ante la sobrepoblación mundial, la homosexualidad es más sustentable que la heterosexualidad. Pero tampoco es tema.

Por otro lado, es justo resaltar que ninguna marcha sufre tanta intolerancia como las que son a favor de la familia tradicional.

Regresando a lo de argumentos válidos, yo tampoco los tengo. Yo estoy en contra simple y sencillamente porque es algo que no me gusta. No me gustan los cambios. Suelo ser una persona cuadrada a la que se le dificultan los cambios individuales, por lo tanto, mucho más los sociales. Soy católico pero no voy a meter a mi religión en esto. Creo en Dios, pero al rezar, acudo a él de manera personal y para asuntos personales.

Nací en una familia con papá, mamá, hermanos. Mis papás nacieron en una familia compuesta de la misma forma. Por eso, a mí me gusta la familia tradicional, natural o como quieran llamarle. Si llego a tener hijos, no me gustaría que alguno se volviera homosexual, y digo “se volviera” porque no creo tampoco la proposición de que homosexuales nacen. Soy retrógrada. Muchas veces me lo han dicho como si fuera algo malo. No le veo lo malo el que me guste una estructura social o el statu quo. Agradezco a Dios haberme criado bajo la protección de mi papá y mi mamá y al lado de mi hermana y mis hermanos. Me gustaría que el resto de las personas tuvieran la misma dicha, pero no voy a marchar por eso.

La lucha en contra del matrimonio entre homosexuales es una lucha perdida

Desesperanza

Pasan los años y se desgasta la esperanza. Alguien dijo que los humanos somos una especie detestable que no merece sobrevivir. Quien lo dijo, vivió momentos de crudeza y maldad. Yo no. Yo soy testigo y partícipe de cómo desgastamos nuestra vida siendo esclavos. Individuos que dirigen su vida hacia lo material. Ya no por comodidad. Por apariencia. Abandonos de familias en busqueda de metales y plásticos, mas no alimento. Repudio la búsqueda del “éxito profesional” por la vaciedad de éste. La gente se pierde. El ego se encuentra. Productividad, competitividad, liderazgo y posesión son los términos que destruyen este mundo. La plata dejó de ser plata. El dinero es una herramienta de supervivencia. No entienden. Es “el estiercol del diablo”, dice Francisco.

Pasan los años y despiertas: el mundo es tan frágil como una mentira porque está construido de éstas. La escuela es tan inútil como una joya.  No me leas, niño. No quiero que te des cuenta que no eres especial como tus padres te dicen. No vas a cambiar el mundo. No llores, no ser especial es bueno. No ser líder es bueno. No ser “diferente” es bueno. También si lo eres. “Nací solo”, dice un amigo. Entender esa frase hace inexistente el liderazgo. Porque todos quieren ser líderes. El liderazgo no es fuente de más amor, más salud o más vida. Moriremos solos.

Pasan los años y todo se resume a lo que dice otro amigo: “todo vale verga”. Desperdicio de tiempo en la búsqueda hastía de una misión o un camino. No existe. No existe porque no se necesita. En esta vida sólo cuentan el amor y el cómo te relacionas con la naturaleza. Jesús lo dijo hace 2000 años. Él sí era especial. El sí cambió al mundo. No como tú ni como yo. Ni como el niño que cree que es especial, pero que tal vez algún día abrirá los ojos. O no. Quizás nunca despierte y piense que su fracaso de ser o hacer “algo grande” ha sido su culpa. Yo lo sentí.

Desesperanza

Ahora nos toca a los gordos

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Cuando se habla de discriminación e inequidad, casi siempre, se habla de minorías oprimidas: los negros, los homosexuales, los hispanos, discapacitados, etc. Las mujeres son la excepción, porque sufren opresión aun siendo mayoría. Bueno, pues los gordos también somos mayoría en México, y en otros países, primera minoría, y apenas se comienza a hablar de la discriminación hacia nosotros: los que estamos gordos.

En las últimas semanas, he leído sobre diversas campañas en las que los protagonistas, o mejor dicho, las protagonistas, son gordas.

La primera de Nike:

 

La segunda de JCPenney:

 

¿Qué destaco de estas campañas? Que sólo se enfocan en el sobrepeso de las mujeres, por lo que parece que más que ser campañas enfocadas en contra de la discriminación a la sociedad obesa, son derivadas del movimiento feminista.

Por circunstancias de la vida que se han traducido en un mala alimentación, apatía, pereza y desmotivación para el ejercicio, etc., he llegado a pesar más de 130 kg. Mido 1.85mts, lo que, por Índice de Masa Corporal (IMC= KGS/Mts²), me coloca en la categoría de Obesidad grado II (existen cinco niveles de obesidad: sobrepreso, grado I, grado II, gradoo III y grado IV también conocida como obesidad mórbida).

La discriminación hacia personas obesas es un tema que en diferentes ocasiones he platicado con personas cercanas a mí, muchas de las cuales no son gordas, y se sorprenden cuando les hago ver ciertas situaciones por las que a veces debemos atravesar los gordos.

Esta discriminación se da desde la infancia con el acoso escolar, ya que a mayor sobrepeso, más acoso escolar, y hasta los adultos, ya que, los gordos no sólo batallan más para encontrar trabajo, sino que, además, ganan menos.

La obesidad es una consecuencia, no una causa, por lo que al discriminar a un gordo, estás discrimando a alguien que tal vez tiene un problema de salud, tal vez un probema emocional, tal vez un problema psicológico, o tal vez a alguien que no tiene problemas y así es su genética.

Debo señalar que, de manera personal, nunca he recibido un trato humillante por ser gordo, y afortunadamente, de niño no lo era, por lo que tampoco sufrí bullying por esa situación, pero no todos tienen la misma suerte, y las cifras ahí están para corrobarlo. Sin embargo, sí sufro discrimación de forma colateral en muchos otros aspectos, por ejemplo:

Tener que comprar la ropa que me queda y no la que me gusta. Yo no me explico cómo es que siendo México el primer o segundo lugar en obesidad en el mundo (dependiendo el estudio), sea un problema encontrar ropa. En pantalones, si pasas de talla 36, deberás tener suerte para encontrar los dos o tres pantalones 38 que surten. Si eres talla 40, 42, aprovecha y compra todos los que encuentres. Si eres talla 44 o más… Dios te bendiga.

¿Qué es lo que le dicen a un gordo cuando habla de su sobrepeso? Haz ejercicio. Conseguir ropa en México para hacer ejercicio, cuando eres gordo, es más complicado de lo que pudieras imaginar. Para hacer ejercicio, necesitas usar ropa cómoda y holgada, que te permita realizar movimientos libremente sin tener que andar enseñando la panza o el culo. Las tiendas, en México, no cuentan con eso. La última vez que estuve yendo al gimnasio, me tuve que comprar tres shorts iguales, porque fueron los que mejor me quedaron. Además, tuve que comprar por internet 10 playeras 2XL, porque aquí no pude conseguir. Intenta comprar unos pants 2XL, 3XL, 4XL. No hay. ¿Cómo esperan que la gente gorda que está dispuesta a hacer ejercicio, lo haga cuando ni siquiera puede conseguir ropa deportiva de su talla?

Algunas tiendas como Liverpool, tienen su sección de “Tallas extras”, lo que a decir verdad, es una gran ayuda, sin embargo ¿por qué ponerlas separadas? yo nunca he visto una sección para negros, para enanos o para homosexuales, ni siquiera para muy flacos. Además, ¿Cuáles tallas extras? “Extra” significa “superior a lo normal”, y la obesidad, al menos en este país, es la normalidad.

En los últimos años esto se complicó, porque las marcas y las tiendas, no conformes, con el poco surtido de ropa para gente gorda, se les ocurrió convertir los cortes en Slim Fit o Skinny. Parece chistoso, pero no lo es.

Justificar estas circunstancias discriminatorias con el barato argumento de “es para que enflaquen” es caer en la infamia. Tampoco intento minimizar los riesgos a la salud que muchas veces puede ocasionar la obesidad, sin embargo, al hablar de este problema, el tono debe ser muy diferente cuando se opina desde el campo de la salud, que cuando se hace desde el campo de los derechos humanos.

No se trata de promover la obesidad ni de afirmar que uno está conforme con su situación física (aunque habrá muchos que sí),  se trata de que si queremos equidad y respeto hacia todas las personas, ahora nos toca pelear a los gordos.

Ahora nos toca a los gordos

Gracias Beyota

Beyota:

No sé por qué siempre escribimos tu nombre con Y en lugar de Ll, tampoco sé cuándo pasaste de ser Beyota a ser Beyis, pero como sea que te llamáramos, siempre nos hacías caso y nos tratabas con amor.

Este fin de semana fue uno de los peores en mucho tiempo, porque te fuiste. Porque concluyó tu misión en este mundo. Fueron más de 13 años que estuviste a nuestro lado, y aunque quiero mucho a todos los perros de la familia (Madox, Pax, Dolly, Mocoso y Morrito), tú eras mi favorita y mi consentida.

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Me acuerdo cuando te conocí, en Monterrey, con mi hermana. Le tenías miedo al sol. Te parabas en la sombra y justo donde iniciaba el sol, te asomabas con miedo. Quién iba a decir que después te encantaría estar bajo el sol y los más de 40° de Colima.

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Nunca olvidaré todo lo que nos cuidaste: nos avisabas de extraños, pero además mataste ratas, iguanas, y una vez, hasta peleaste con una culebrilla.

 

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Siempre recordaré todo lo que te gustaba comer y estar junto a mi mamá mientras cocinaba. Ponerte en tu posición estratégica detrás de los otros perritos, para que no te ganaran la comida.

 

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También recordaré siempre cómo te gustaba acostarte sobre la ropa que dejaba tirada.

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Cómo te gustaba estar conmigo cuando estaba trabajando en el escritorio, y cómo te gustaba meterte entre las piernas cuando uno tenía la pierna cruzada.

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También recuerdo cuando te tuvieron que operar la orejita, y de ahí en adelante, tuviste una oreja caída y una paradita.

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Estoy seguro que también Paxito y Madox extrañan que les agandalles sus camas y que no te digamos nada, porque eras la consentida.

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No tienes idea del dolor que me causa recordar el esfuerzo con el que peleaste la última semana de tu vida. Siempre aguantadora, siempre valiente. Sobreviviste a dos infartos un día antes de tu partida. Esos momentos fueron los peores momentos que me tocaron vivir a tu lado. Me estremece recordar cómo se puso duro tu cuerpecito y soltaste la cabeza, haciéndonos creer que había llegado el momento. Por eso sentí que te perdí tres veces.

Ahora ya has de estar con Motita que se fue hace siete años. Nunca olvidaré cómo te afectó su muerte. Cambiaste por completo. Estoy seguro que nunca perdiste la esperanza de que regresara. Tus cenizas se irán al jardín en el que tanto estuviste con ella. Ahora pueden jugar nuevamente juntas. Yo siempre te recordaré y te extrañaré. Gracias por 13 años de amor incondicional.

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Gracias Beyota

México: este lugar donde no se sabe de ideologías

Cuando en este país se etiqueta a las personas de derechas, de izquierdas, de liberales o conservadores, no deja de ser más que una práctica ociosa. Tal pareciera que la gente en México no sabe lo que es una ideología definida.
Producto de la ignorancia, o de la endeblez de los valores, consecuencia de la eterna búsqueda de la identidad mexicana, que va más allá de una racionalidad motivada, aquí encontramos izquierdosos que son víctimas (o fans) del consumismo neoliberal, “católicos” que practican la santería o la masonería, derechosos que, tratándose de Estados Unidos, tienen filia hacia el partido demócrata. Lo extraño es que es común.
Si las ideas con las que se rige un individuo, están sutentadas en una ética cambiante (no por el crecimiento cognitivo y evolutivo natural, sino por la adaptación conveniente a las circunstancias particulares de cada uno, y por el rechazo a desarrollarse en un ecosistema con circunstancias desfavorables), nunca se podrá delimitar el camino a seguir como sociedad, mucho menos determinar las formas de avanzar, y ni siquiera proyectar a dónde se quiere llegar.
“Es de sabios cambiar de opinión”, parece ser el dicho popular con el que se excusa la indefinición ideológica. En el pasado, la Iglesia controlaba monopólicamente las creencias y el conocimiento. En México, el PRI, por más que controló la educación, nunca pudo lograrlo, ya que ni siquiera pudo definir una identidad nacional. Ante la desmonopolización del saber y del creer, entonces corresponde a la familia en un principio, y más tarde, a cada persona, reforzar su cuadro moral, que a su vez, cimiente, con firmeza pero sin rigidez, la ideología con la que regirá su vida.
México: este lugar donde no se sabe de ideologías

El gusto por las cosas corrientes

Nunca me he podido explicar este hecho: La calidad no siempre es garantía de que un producto será exitoso… incluso siendo gratuito. Al menos, no en la parte digital. Para muestra, muchos ejemplos:

-Se usan más los teléfonos que las cámaras fotográficas y de video.

-Se usa más Instagram que Flickr o 500px.

-Twitter dominó a otros servicios siendo que al principio era un servicio muy inestable.

-Cambiamos al MSN messenger por el  Chat de Facebook.

-Los GIF’s por videos.

-Los JPG’s por los RAW’s.

-Los mp3’s en lugar de los wav’s.

-Whatsapp en lugar de Telegram o muchos otros mejores.

-Bluetooth en lugar de cables.

Desafortunadamente, en lo digital, lo que importa no es la calidad, es la practicidad (y a veces ni eso: Twitter lleva una curva de aprendizaje muy marcada).

Soy de los que lucha porque la calidad prevalezca dándole preferencia a esos servicios, pero a veces es difícil por cuestión de tendencias y uso de tus círculos sociales.

Aunque dudo que esta preferencia por los productos con menor calidad sea una moda, sí creo que se ve reforzada por la moda de lo vintage y lo hipster, en donde alguien mal entendió, pero difundió, que la basura entraba en esa categoría, y hoy tenemos muebles hechos con pallets, con rejas, con basura.

Puedo entender que muchas veces el precio juega un papel clave en la selección de un producto de menor calidad por uno de mayor, pero cuando tenemos una opción de mejor calidad por un costo similar, ¿por qué preferimos lo corriente?

El gusto por las cosas corrientes