De ancianos

Hace unos años, el papá de un amigo, me dijo “un día me di cuenta que ya casi no había viejitos, hasta que me percaté que ahora los viejitos somos nosotros”. En realidad, el señor no era viejo, tendría unos 57 años (falleció de 59). Desde ese día, me llegó el miedo de algo que llegará: que ya no haya viejitos; que los viejitos seamos nosotros.

Me explico. No me da miedo envejecer (aunque no me guste), me da miedo pensar que un día, mi generación será la de mayor experiencia y conocimiento del pasado. Que toda las historias y vivencias que sucedieron antes de que los de mi edad estuviéramos aquí, se habrán ido con sus protagonistas, esos ancianos con los que tanto disfruto platicar. Que nuestra generación, débil e insípida, será la de la sabiduría. Que todas las historias y recuerdos de cuando la vida era más simple, se irán con el tiempo. Que no tendré un refugio conversacional con alguien mucho mayor que yo para platicar de cosas no conocí. Qué miedo.

 

De ancianos

Mi 2019

Desde hace días quería escribir este post, aunque quise esperarme hasta el último día, porque el año pasado, fue justo hasta Navidad, cuando sucedió lo que definiría este año. Sé que hoy 30 no es el último día pero mañana no estaré aquí para escribir, así que ahora es el momento de hacerlo.

Puedo decir que este año lo comencé muerto, derrotado, derrumbado. Conocí  la depresión y la ansiedad en niveles nunca antes vividos por mí. Recuerdo cuando un amigo me dijo: “vas a estar bien. Yo tuve depresión y después de terapia sistémica, salí adelante”. En ese momento se me hacía algo imposible. Es como si ahorita me dijeran “vas a estar flaco”. Hoy, al final del año, puedo decir: estoy bien.

Como hoy estoy bien, quiero agradecer a quienes estuvieron conmigo en esos momentos de mierda, empezando por Dios, quien me acompaña y me sostiene. De los demás, No van en orden de importancia, porque todos fueron muy, muy importantes, así que empiezo por mis psicólogas, Adriana e Itzury, quienes con sus terapias me ayudaron demasiado en el proceso de salir adelante. Al psiquiatra, a quien sólo vi tres veces, pero quien con su diagnóstico me dio luz, y con su medicamento, la estabilidad para atravesar los 4 meses más críticos, aunque muriera de sueño. A mi prima Bere, quien a pesar de la distancia, siempre ha estado para mí en mis peores ratos (los más depresivos y de más ansiedad), sin importar la hora. Te quiero, primacha. A Terry, mi Teresita hermosa, por siempre echarme porras, motivarme y siempre confiar en mí. A Manuel, por las largas pláticas nocturnas por la ciudad o por teléfono, y por sus consejos.  A Gomix, por darme su apoyo anímico cada que platicamos. A Bodi y a los Gordos, por ser con quienes más salí y me distraje a lo largo de este año. A mi familia, que aunque siempre intento mantenerlos alejados lo más posible de estos problemas, sé que siempre me apoyan y se preocupan. A Nach, por sus canciones. A Vivaldi, por “Winter”.

Pero dicen que las penas y las olas nunca llegan solas. Hoy escribo desde una casa diferente a la del año pasado. Este año no sólo fue batallar con lo emocional, sino que, además, fue el peor año económicamente hablando, el año en que tuve que entregar la casa en donde viví por 6 años, el año que más gordo he estado, año en el que me alcanzó una vieja deuda, que por fin estoy saldando.

Y a pesar de toda la mierda, no puedo decir que haya sido un mal año. Me reencontré conmigo mismo, con mi mayor pasión que es escribir, con un gusto que abandoné de adolescente, que son las plumas. Aprendí como nunca antes, que endeudarse es la mayor pendejada que uno puedo hacer, y más a largo plazo. Me hice dos tatuajes que me encantan, algo que no imaginé el año pasado. Escuché más podcasts que cualquier año en mi vida, pero lo más importante, veo la vida como hace años no la veía: con gusto, con más libertad, con más empatía.

Mi 2019

Hola Popin

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En estos días comencé a hacer algo nuevo: dibujar unos monitos basados en cómo dibujaba cuando iba en el kinder. No soy ilustrador, no sé dibujar bien, y lo único que tengo es mi laptop y el Sketchbook al que apenas le sé mover.

¿Por qué lo hago?

Me gustaría usarlos para muchas cosas: para imprimir cosas con ellos, para divertirme, pero sobre todo, para aprender a hacer cosas con los recursos que tengo, así sean limitados.

Una de mis mayores debilidades es poner peros a mis ideas: “no soy tan bueno”, “no tengo esto o lo otro”, “no tengo dinero”, y quiero ir cambiando, poco a poco, esa mala costumbre. De hecho, el nombre ( Hola Popin) al final no me gustó tanto, pero decidí dejarlo para no detenerme en eso de no estar satisfecho.

Hola Popin

Cuando intento dormir

Al acostarme, soy de las personas que se revuelcan por toda la cama. Hay días que me paseo por todo el colchón, hasta poder conciliar el sueño. A veces, con la cabeza hacia la cabecera (que no tengo), y a veces, con la cabeza hacia el pie de cama (que tampoco tengo).

Hay días que duermo con tres almohadas, y días que necesito sólo una, hecha bolita. La verdad es que al acostarme, quisiera ser un perro, que no necesita de nada más que un par de giros para encontrar su posición y ponerme a descansar.

Cuando intento dormir

Leer poesía

Lo maravilloso de la poesía es que nunca es la misma: la lees una vez para conocerla, dos para entenderla, tres para sentirla. Cuatro, cinco… diez, para volverla a entender y volverla a sentir. Porque nunca es la misma.
Por eso, uno nunca termina de leer un libro de poesía. Porque puedes contar una novela, pero no un poema. Porque la historia es permanente, mas no el sentimiento. Porque la poesía es infinita.
Leer poesía

Me da miedo pasear a mis perros

Dolly (Husky) y Mocoso (cruza de labrador) sufren por mis miedos. Si antes los paseaba poco, ahora es casi nulo. Hoy decidí romper eso. Le puse su pechera a Mocoso, y agarré la correa de Dolly. Salí nervioso porque, justo frente a mi casa, hay una perra pitbull (aunque no muy grande). La perra, en cuanto vio que salía con mis perros, empezó a alterarse. No importa, estaba previsto. Salimos. Apenas íbamos en la esquina, cuando otro pitbull (al parecer, macho), afortunadamente amarrado por su dueño, se pone agresivo intentando acercarse a Dolly. Ahí se desbordó mi miedo y me regresé a la casa.

Mis miedos no son infundados. Hace años, una pitbull atacó a un perro viejito que tenía, la agarré a patadas y no lo soltaba. Afortunadamente, le mordió puro músculo, pero la verdad, creí que Morrito, ahí quedaría.

Hace dos años, la misma perra, atacó a mi Dolly mientras mi novia la paseaba. La pitbull la mordió y la agarró como trapo. Tuve que aventármele a la pitbull encima para que la soltara. Tuvo algunas heridas pero afortunadamente la libró.

Espero, poco a poco, poder ir superando ese miedo.

Odio a los pitbulls.

Me da miedo pasear a mis perros

34

JESÚS murió a los 33 y me puso a prueba a la misma edad. Él pudo resucitar, y yo, apenas pude sobrevivir. Hoy cumplo 34 y le doy gracias a Dios por otro año más de vida. Entro más saludable y más tranquilo que hace un año.

Agradezco a Dios haber podido compartir el día de hoy con mis dos padres. Les amo. Esa es sin duda la mayor alegría de mi día.

Hoy he tenido muy presentes a mis abuelos. Sobre todo a mi abuela Teresa Maciel, de quien le regalé un cuadro a mi papá, y a mi abuelito José Peña, dueño de la pluma con la que escribo estas letras (en mi libreta).

Treinta y cuatro años de vida digna, rodeada de amor. ¡GRACIAS!

34

El 1 de Enero no debería ser asueto

Para los que solemos ser indisciplimados, que el 1 de Enero sea día libre, nos complica iniciar el año con decisión. Los indisciplinados somos débiles de mente. Que el primer día del año exista la libertad de levantarte tarde, la imposibilidad de realizar pendientes por el cierre de negocios, te quita energía para el día que regresas a actividades.

Guarromántico resume mi sentir:

Guarromántico increíblemente ha influido mucho en mi vida en los últimos meses. Ya contaré lo realmente increíble de cómo Guarromántico me chingó hace meses. Buenas noches.

El 1 de Enero no debería ser asueto

Mi 2018

Hace un año escribí:

Lo único malo de que termine el 2017 es que siempre puede haber un año peor, y no me queda más que estar listo por si eso llegara a suceder.

No sé si fue una sentencia, o qué sucedió. Pero así lo fue. Puedo decir, con certeza, que este ha sido el peor año de mi vida. Sin embargo, sigo teniendo muchas cosas qué agradecer. Porque Dios sigue conmigo. Porque lo peor que uno puede hacer ante la adversidad, es alejarse y dudar de él.

Uno no comprende que la adversidad lo hace crecer a uno hasta que se enfrenta a ella. Y este año me ha hecho crecer. Mucho.

Este año ha sido de dolor, enfermedad, desamor, depresión, ansiedad, tristeza. Y a pesar de todo, ahorita iré con mi hermano y mamá, a su pueblo, a terminar el año. A pesar de todo, mi papá está disfrutando de mis hermanos y mi sobrino. A pesar de todo, Aquí estoy, en la tranquilidad de mi casa, escribiendo este texto. Gracias Dios.

¿El 2019 será mejor o peor? No lo sé. Pero ahora comprendo que la vida está hecha de esto.

Mi 2018

Quiero desahogarme

Estos últimos días han sido difíciles. Mucho. Uno sufre más cuando no comprende las cosas. Será que no todo debe ser entendido sino aceptado. Pero aceptar es más difícil sin entender. A veces olvidamos que la mente, el cuerpo, el alma y el amor se manejan separados. Que no siempre se entienden.

Mi amor y mi alma no comprenden que el perdón no aparezca. Mi cuerpo y mi mente lo aceptan. Con trabajo.

Llega la ansiedad producto de la frustración. La desesperación de la impotencia. Lucho contra las horas, los recuerdos, el colchón. Contra mí.

No se puede regresar el tiempo pero se puede recomenzar. En donde mismo o en otro lado. Mi corazón, mi alma y mi amor quisieran donde mismo. Mi mente debe llevarlos a otro lado. Y digo debe porque la vida nos coloca donde no pedimos.

Jesús: estos 33 han sido de muerte. Está pesada la cruz. Está dura la enseñanza, maestro.

Ya me desahogué.

Quiero desahogarme