Cuando los únicos mensajes de texto en el teléfono eran los SMS, había que pagar por cada uno. Se cuidaban las palabras, las letras. Se comunicaba uno para cosas importantes. Llegaron los mensajeros gratuitos y se cayó en conversaciones digitales inertes. Cuando Twitter eran mensajes de 140 caracteres, eran ideas bien sintetizadas. Extracto vs espectro.
Y justo en Twitter, esta semana un usuario publicó una imagen que no solo se hizo viral, sino que creó una tendencia. Es una foto que tomó su madre de la primera vez que sus niños fueron solos a comprar pan. Mucha gente citó la publicación y a su vez publicaron sus propias fotos. Entre esas citas alguien preguntó lo siguiente: “¿Por qué las cámaras analógicas registran los momentos con mucha más alma que los celulares? Sé que tiene que ver con al nostalgia, pero hay algo más…”

Hubo gente que respondió técnicamente con argumentos de colorimetría, del grano en el filme, del revelado de la luz en una placa contra la interpretación de la luz de un sensor. Todo es cierto. Muchos otros hablaron de la espontaneidad, de la falta de perfección. También es cierto. Hubo una respuesta que me gustó mucho: “La foto (analógica) es más cercana a la imagen que formamos en nuestra memoria, la falta de definición, no vemos nuestras memorias en 4K 60fps.“
Esa pregunta me dejó pensando un rato y creo que tiene que ver mucho con una relación entre la calidad y el costo de las cosas. Más allá de las limitaciones técnicas, el costo de la fotografía analógica, obligaba a obtener uno o dos disparos por momento. Esos disparos contaban, efectivamente, con ese elemento de espontanidad y naturalidad incontrolable porque no había siquiera manera de previsualizar la imagen. La fotografía actual busca una supuesta perfección (inalcanzable), en la cual se iluminan sombras y se definen objetos de manera antinatural, incrongruente con el ojo y el cerebro humano. ¿No estás seguro de la foto? Toma otras 20. Y aquí es donde se disipa la emoción y lo excepcional del momento. Porque lo gratuito es desechable por su falta de valor. Hoy tenemos teléfonos saturados de fotografías que por más gigabytes que sean, no tienen el valor de un álbum impreso.





