Recursos inhumanos

Los medios se han encargado de que al pensar en un sindicato, pensemos en personajes como Elba Esther Gordillo, como Romero Deschamps, personajes que se han enriquecido en nombre de la defensa de los trabajadores. La generalidad no es así. La generalidad es la de millones de trabajadores en todo el país, trabajando bajo abusos, injusticias e ilegalidades por parte de sus patrones y de millones de empresas. Por eso insisto: siempre será mejor un sindicato abusivo que un patrón abusivo.

No solamente son los sueldos de miseria que se ofrecen, no solamente son los requisitos llenos de racismo y discriminación a la hora de seleccionar personal: mujeres con buena presentación, hombres no mayores de 40 años, mujeres casadas, mujeres solteras, etc. Basta dar una revisada rápida a las ofertas laborales. Pero no sólo es eso,¿Cuántas personas trabajan en Colima (y en México) sin seguro social ni prestaciones de ley? ¿A cuántos trabajadores les cobran multas sus empleadores por cualquier capricho por el que se les ocurra descontarles de su sueldo? ¿Cuántos trabajadores no reciben un sueldo porque trabajan “por comisiones” o “por propinas”? ¿A cuántos exempleados los amenazan con demandarlos si trabajan en otra empresa de la misma industria queriendo prohibir que una persona trabaje en lo que sabe hacer? ¿Cuántas personas no ponen sus recursos como computadora, vehículo y teléfono sin recibir un pago a cambio de esto? ¿Cuántas personas trabajan bajo contratos mensuales para supuestamente evitar que generen antigüedad y evitar el pago de indemnizaciones si ya no los requieren?

Hoy los departamentos de recursos humanos no son departamentos que administren y cuiden el bien más importante de una organización: las personas, son departamentos que se han convertido en verdugos y ejecutores de injusticias patronales.

En las últimas semanas diferentes personas me han reportado injusticias en sus empleos con la finalidad de que lo haga público. No lo hago público por tratarse de problemas entre particulares, pero sí los señalo conservando el anonimato de ambas partes:

Una persona que después de tres años laborando en una empresa, al que le tocaban $40 mil pesos de liquidación, le pagaron el 10%. Es su primer empleo. Si demanda, no le dan carta de recomendación. Eso, aunado a que las empresas, cual mafiosos, tienen un “pacto de caballeros” en el que no contratan a un trabajador que decidió defenderse legalmente, y aquí entra otro caso:

Una mujer que superó todo el proceso de selección, pero cuando el área de recursos humanos descubrió que había demandado a su antiguo empleador, no la contrató. No les importó que la demanda hubiera sido por acoso sexual.

Otra persona, que después de trabajar ocho años para una empresa, la despidieron (junto a todos sus compañeros) de un día para otro, y no los liquidaron porque la razón social para la que supuestamente trabajaban la declararon en quiebra, aunque la empresa siga funcionando bajo otras razones sociales.

Otra persona que despidieron por tener una enfermedad hormonal que no afecta su trabajo, y por el cual, incluso, recibió reconocimiento antes de que supieran que tenía dicha enfermedad.

Dice Richard Branson: “entrena a tus empleados lo suficientemente bien como para que se puedan ir. Trátalos lo suficientemente bien para que quieran quedarse”. Aquí es el contrario: no los capacitan porque luego se les van. No los tratan bien… “que agradezcan que les dan trabajo”.

A los empresarios les gusta pararse el cuello al decir que generan empleos, como si los generaran por caridad y no por una necesidad operativa de su negocio. Como si lo hicieran por un favor y no porque necesitan del trabajo de otras personas para que su empresa funcione, pero ante circunstancias económicas adversas, los recortes de personal no fallan. ¿En dónde quedaron los empresarios como Eugenio Garza Sada?

Recursos inhumanos

De la política deben vivir los políticos, no los periodistas

Hay periodistas en los que vale más su pluma que su palabra. Parece que se han creído demasiado eso del “cuarto poder” y buscan obtener recursos públicos a como dé lugar para mantenerse: dádivas, “chayote”, venta de publicidad a entes públicos, subsidios, etc. Parece que se han creído tan poderosos que en lugar de limitarse a informar y opinar, se suben al ring contra actores políticos con los que disienten en cada oportunidad. Caso reciente José Cárdenas con López Obrador. Porque una cosa es diferir en opiniones, y otra, utilizar a los medios para mandar mensajes que bien cabrían mejor en un correo electrónico. Mucho de esto es consecuencia del “chayote”.

Mal estamos cuando los medios de comunicación y los periodistas necesitan del recurso público para subsistir, porque la publicidad no alcanza y porque los lectores no pagamos. Porque los medios tradicionales perdieron relevancia o tuvieron que experimentar una migración a Internet y contra Internet. Muchos se convirtieron en prostitutas del click (click whores) que en búsqueda de una impresión más del banner, se dedican a publicar contenido sensacionalista irrelevante, a publicar bajo reglas del SEO (optimización para buscadores) y no de la RAE. No es una crisis local ni nacional, pero es una crisis que ha provocado que periodistas se vendan por $200 pesos. No hay libertad de expresión si no hay libertad financiera.

Hablando de prostitución, tampoco prostituyamos el concepto de periodista. Los que nos limitamos a opinar e intentar influir en el quehacer político, no somos periodistas. No importa que hayamos estudiado ciencias de la comunicación, no importa que el término del diccionario nos respalde. Bien dicen en House of Cards: “no es periodismo si no es investigación”.

Un periodista no debería buscar la imparcialidad, un medio tampoco debería pregonar la misma. Ni es creíble, ni es rentable. Sin embargo, cualquiera de los dos, deberían tener la libertad para respaldar cualquier proyecto, por coincidencia ideológica y no por interés económico. Demasiado arriesgan algunos periodistas como para ni siquiera tener asegurado el sustento. Por eso, como consumidores de medios, deberíamos tener un compromiso de pagar por la información así como pagamos por lo tangible. Pagar a quien nosotros queramos, pero preocuparnos por la sustentabilidad de quien nos informa.

Celebremos, hoy 7 de Junio, más que la libertad de expresión, la oportunidad de expresarnos de los que no vivimos del periodismo, de los que jugamos “a la segura” detrás de un escritorio o de un micrófono, porque el periodista de verdad, no tiene mucho qué celebrar.

De la política deben vivir los políticos, no los periodistas

¿Queremos gobernantes que trabajen o que caigan bien?

En México, un político tiene grandes ventajas en una contienda electoral si su personalidad tiene estas tres características: populachero, bonachón y echado para adelante. Por eso ganó Fox, por eso ganó “el Bronco”, por eso Andrés Manuel sigue vigente después de 17 años.

Esto lo deberían de saber todos los que aspiran a seguir desempeñándose a puestos de elección popular: El trabajo de un gobernante no es garantía de un futuro político prometedor. La fama que tienen los políticos en general, que los ubica como parásitos del presupuesto, no sólo parece ser indeleble, sino que, a su vez, borra de la memoria de la población, todos esos esfuerzos, trabajos y logros que algunos gobernantes consiguen meritoriamente durante su administración. Por eso, desafortunadamente en una elección, no importan los resultados ni la experiencia. Sólo importa la química.

No recuerdo una administración municipal en Colima que haya trabajado como lo está haciendo la administración de Héctor Insúa. En menos de año y medio, ha iniciado una transformación en la ciudad que tenía muchos años estancada: atención oportuna a solicitudes ciudadanas, festivales bien organizados, renovación de banquetas en gran parte de la ciudad (problema de décadas), finanzas transparentes, ahorros mediante austeridad, construcción de colectores pluviales (otro problema de décadas), mantenimiento a la casona del ayuntamiento y registro civil, jornadas de limpieza, etc. Y sin embargo, su reelección, está en duda. A la gente no le cae bien. “Por mamón”, me han comentado muchos.

En el mismo sentido, si Carlos Salazar Silva hubiera tenido tiempo de dejar a la Secretaría de Salud como dejó a la Universidad de Colima cuando fue rector, hubieran sido grandes noticias para el estado. Carlos Salazar durante su rectorado demostró ser un funcionario duro pero trabajador, estricto pero inteligente. Es a partir de su salida, que la infraestructura de toda la Universidad de Colima, se derrumbó. No se me ocurre otro nombre que pueda dejar toda la infraestructura de salud en un mejor estado que lo que lo hubiera hecho él. Pero al sindicato no le cayó bien. “Nos habla muy prepotente”, dijeron algunos trabajadores, y mediante quejas sindicales hacia un gobernador timorato, se provocó que el exrector dejara la secretaría.

Otro caso de hace ya varios años: Adrián López Virgen, alcalde de Villa de Álvarez. Siendo él presidente municipal de La Villa, se percibía un municipio lleno de obras: construcción de banquetas, remodelación de áreas deportivas, construcción de jardines. A pesar de ser un alcalde priísta, bajaba más recursos federales (gobierno federal panista, en su momento) que el alcalde capitalino Locho Morán (también panista, en su momento). De los alcaldes que tengo memoria, creo que con ninguno cambió La Villa tanto como lo hizo con Adrián López Virgen, sin embargo, lo mismo: no le alcanzó para ganar la diputación feedral. Por “mamón”, también decía la gente. Y es que sus aires de grandeza, y sus actitudes soberbias que imitaban ciertas de Fernando Moreno, no pasaron desapercibidas para la población.

Caso contrario. Tenemos a un exgobernador con acusaciones de que despilfarró y desvió recursos, que se hizo de un equipo corrupto, que endeudó al estado como nadie… pero que es de rancho, bonachón y populachero. Llega a caballo, llega tomando, y la gente lo recibe y saluda como si fuera una superestrella. Y seamos honestos, en las últimas décadas, ningún gobernador ha sido tan popular (y no hablo de aprobación) como lo fue Mario Anguiano. Desde la campaña, un amigo que lo siguió de cerca, incrédulamente me lo dijo: no me vas a creer, pero parece rockstar entre la gente. El “orgullo de Tinajas”, le cae bien a las clases populares, le cae bien a las mayorías, tanto, que pareciera están dispuestos a perdornarle sus agravios del pasado.

¿Cuál va a ser la vara con la que midamos a los candidatos para ser nuestros gobernantes en el 2018? ¿Dejamos de premiar al buen trabajo? ¿Dejamos de castigar al malo? ¿Elegimos a alguien que no tiene empatía con la población? ¿O de plano otra vez elegimos al más guapo?

¿Queremos gobernantes que trabajen o que caigan bien?

Con el presidente… aunque nos duela

Desde el “no era penal”, a los mexicanos nada nos había unido tanto como la animadversión hacia Donald Trump, y así debemos permanecer: unidos.

Por eso, se equivocan quienes quieren boicotear a las empresas extranjeras en México, pues hacerlo, afectaría a millones de mexicanos que viven de ellas. Debemos estar unidos y no afectarnos a nosotros mismos. Boicoteemos a quienes nos piensen dar la espalda, no a quienes nos han dado empleo. Consumamos lo hecho en México, sí, pero no discriminemos a empresas extranjeras que han confiado en nuestro país. Por el contrario, necesitaremos más de esas, pero ahora provenientes de todo el mundo.

Para bien o para mal, ante las amenazas y acciones del nuevo presidente de Estados Unidos, a quien le toca defendernos es a Enrique Peña Nieto, nuestro presidente, y con él, debemos de cerrar filas. No por él, por nosotros.

Hasta el día de ayer, el gobierno mexicano había tenido como respuesta a las constantes amenazas e insultos de Trump, la inacción y el temor. Ya no tuvo opción. El presidente dio el miércoles (25/01/2017) el mensaje más contundente hasta ahora, y no deberá echar marcha atrás. Ya no estamos para pedir clemencia o reconsideraciones al presidente Trump. Ya no estamos para hacerle ver lo buenos vecinos que hemos sido o lo importante que somos para su economía. Llegó el momento de defininiciones y de respuestas:

  • ¿Qué quiere México con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte? ¿Qué va a hacer si no lo consigue?
  • ¿Qué acciones realizará México para evitar la construcción del muro?
  • ¿Qué acciones concretas realizará el gobierno para proteger a los mexicanos que están legal e ilegalmente en los Estados Unidos?
  • ¿Con qué acciones en cuanto a seguridad y cooperación responderá México a E.E.U.U?
  • ¿Cuál es la posición del gobierno mexicano respecto a los casi dos millones de estadounidenses que viven en México?

Respaldemos al presidente, pero empujémoslo para que sea el primero en dar la cara y defendernos. Apoyémoslo pero cuidemos que no nos traicione. La vida le ha puesto una oportunidad de reivindicarse un poco con este pueblo al que tanto daño ha hecho. Por cierto, no nos olvidemos del gasolinazo y hagamos que él tampoco lo olvide.

Con el presidente… aunque nos duela

El PRI es asqueroso

Pocas cosas han indignado más a México que la desaparición de los 43 estudiantes, la casa blanca del presidente, la invitación de Trump a México, y ahora, el mega-gasolinazo. Todas con Enrique Peña Nieto, todas durante este regreso del PRI, el “nuevo PRI”, que salió igual o peor que el viejo.

Es a este partido que tanto daño ha hecho a México, y que es responsable de todos los atrasos socioeconómicos y culturales del país, a quien la gente debería desterrar a partir de hoy. Es este partido que se burla de los mexicanos, que los pisotea y se ríe, el cáncer que todos debemos extirpar.

Asquerosa es la presidencia con Enrique Peña Nieto. Asqueroso es el gobierno del estado con Nacho Peralta. Han convertido a las instituciones en que más debería confiar un ciudadano, en herramientas de yugo y tortura social que generan sólo su beneficio económico personal y de su asqueroso partido. Asquerosas son las bancadas priístas que en lugar de defender a sus representados contra los intereses del ejecutivo, solapan y sirven de títeres “levantadedos” que dan luz verde a cualquier ocurrencia de su sátrapa.

Y no se equivoquen: nadie niega que el incremento de los impuestos siempre será una medida impopular, independientemente de quien gobierne. Es la indignación de seguir afectando el bienestar de las personas. Es la indignación de obtener servicios e infraestructura de pésima calidad, y a cambio, dejarnos más endeudados y con menos dinero en nuestros bolsillos.

Pero indignantes son no sólo sus políticas; indignante es que el presidente no renuncie cuando la mayoría de la población no lo quiere. Indignante es que salgan los priístas nacionales y locales (incluido el tibio gobernador colimense) a defender lo que a todas luces es un abuso, en este caso, el gasolinazo. Indignante es que nos quieran ver la cara de pendejos argumentando que es una medida benéfica para México. Indignante es que Enrique Peña Nieto no dé la cara, y ya ni por Twitter se aparezca, como suele hacerlo cobardemente. Indignante es que el gobernador Ignacio Peralta nos quiera tachar de pendejos y afirme que las manifestaciones en contra se deben a que los ciudadanos están “azuzados por líderes que buscan una prebenda política”. La sociedad está harta y no lo entienden.

El PRI ya no debería de recibir un solo voto, porque si hablamos de indignación, más indignante será que desde hoy, este asqueroso partido volviera a ganar una sola alcaldía en el país. México no se merece esto ni a estos. Tengámoslo bien presente durante el próximo año y medio.

El PRI es asqueroso

Adiós, Morrito.

Realmente conocí poco de él. Llegó a mi vida hace casi tres años después de que mi hermana lo recogió solitario y desnutrido en una gran avenida del DF. No sé qué tanto sufriría en la calle, pero su triple fractura de cola, su pata delantera chueca (por mal soldada), y la pérdida de dientes, fueron huellas de una vida difícil en la calle. Por su edad, ya no veía ni escuchaba muy bien. Yo digo que tenía 14 años pero en realidad no lo sé. Lo que pasa es que hace casi tres años que llegó a mí, me dijeron que tendría unos 11 o más. Por eso sentí siempre la obligación de cuidarlo y consentirlo más que a mis otros dos perritos. Y así fue. Aquí comió, engordó, jugó y durmió todo lo que quiso. Se adueñó de mi sala, y aunque nunca lo regañé por eso, añoraba tener mi sala limpia un día. Hoy ya no la quiero. Ese era su lugar favorito, en donde dormía horas y horas, como descansando de muchos años de sufrimiento. Aunque gozó de buena salud todo este tiempo, sus riñones ya no pudieron más. Se me fue muy rápido y ahorita ya está descansando. Ojalá en donde esté tenga un sillón en el que pueda seguir durmiendo a gusto. Lo extraño mucho.

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Adiós, Morrito.

Todos tenemos derecho a tener un taxi

En 1990, durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, dentro de la ola de reformas desregulatorias y privatizadoras de su mandato, se dio la reforma al autotransporte de carga. Esta reforma, permitió que el sistema evolucionara de una industria basada en concesiones a una basada en permisos. Además, se eliminaron las regulaciones en las tarifas, en las rutas y en el cabotaje. Estos cambios permitieron, con los años, tener un sistema de autotransporte de carga transparente (a pesar de sus miles de fallas), que a su vez, se tradujo en un crecimiento acorde a las nuevas exigencias comerciales que enfrentaba el país. Hoy, si usted quiere comprar un camión y dedicarse al transporte de carga, puede hacerlo.

Por su parte, el sistema de taxis en cada estado del país, sigue trabajando igual que hace 50 años: mediante un sistema de concesiones otorgadas discrecionalmente y que sólo se han utilizado como pago de favores o como clientelismo político. Colima no ha sido la excepción.

Gracias al sistema de concesiones del servicio de transporte público individual que se maneja en Colima, la industria del transporte de pasaje individual, o sea, los taxis, se ha quedado estancada en todos los aspectos: falta de capacidad en cobertura, pésima atención a usuarios, unidades inseguras y en mal estado, cobros arbitrarios, etc. ¿Por qué no oxigenar la industria y abrirla a que cualquiera pueda tener un taxi? ¿Por qué si una persona tiene los recursos y el interés de incursionar en la industria del taxi no puede hacerlo? ¿Por qué no hacer un cambio en la ley como se hizo con el autotransporte de carga hace 26 años?

Hay quienes afirman que lo justo es otorgar concesiones a los choferes con más años de servicio. No. La tierra no es de quien la trabaja. Lo justo es que cualquier persona que quiera tener un taxi, tenga derecho a hacerlo. Que el mercado se encargue de regular la cantidad de estos, así como pasa con cualquier otro negocio: tienditas, taquerías, consultorios, etc. Migrar de un sistema basado en concesiones a uno basado en permisos, no eximiría a los permisionarios de regulaciones operativas y de seguridad que la naturaleza de este servicio requiere, pero sí permitiría que las ciudades contaran con un servicio en cantidad y calidad, acordes al siglo XXI.

 

El Chisguete.

Aunque muchos quieren fuera a la secretaria de movilidad Gisela Méndez, el ser una de las secretarias técnicamente mejor preparadas en su área, le da el respaldo y soporte para permanecer allí todo el sexenio.

Por su parte, quien dicen que ya casi se va, es Arnoldo Ochoa, de quien se afirma, ha tomado decisiones unilaterales como si él fuera el góber, lo que no le ha causado mucha gracia a Nacho, quien, por lo menos, ostenta el título constitucional de gobernador del estado.

Todos tenemos derecho a tener un taxi

La lucha en contra del matrimonio entre homosexuales es una lucha perdida

La lucha en contra del matrimonio entre homosexuales es como la lucha que emprenden los que están a favor de la tauromaquia: las dos están destinadas a la derrota.

Hay que saber elegir las batallas. ¿Para qué desgastarse yendo a marchar en contra de algo que es una tendencia mundial, y que además ya está legalizado? Personalmente estoy en contra del matrimonio entre homosexuales, pero no pienso en ir a marchar al lado de personas que ni siquiera tienen argumentos sólidos para defender sus ideas. La marcha tiene realmente sustentos muy débiles que divagan entre Dios, los niños, la educación sexual y el abuso. Nada concreto. Si me lo preguntan, incluso se me hace válido que metan a Dios porque cada quien es libre de expresar y defender sus creencias, pero no se me hace válido que metan a los niños en esto. Así que argumentos válidos es lo que le falta a esta marcha. He escuchado sustentos tan estúpidos como el que dice que la homosexualidad no es económicamente sustentable y va a generar una crisis mundial. Estupideces de esas son las que no comparto, en todo caso, ante la sobrepoblación mundial, la homosexualidad es más sustentable que la heterosexualidad. Pero tampoco es tema.

Por otro lado, es justo resaltar que ninguna marcha sufre tanta intolerancia como las que son a favor de la familia tradicional.

Regresando a lo de argumentos válidos, yo tampoco los tengo. Yo estoy en contra simple y sencillamente porque es algo que no me gusta. No me gustan los cambios. Suelo ser una persona cuadrada a la que se le dificultan los cambios individuales, por lo tanto, mucho más los sociales. Soy católico pero no voy a meter a mi religión en esto. Creo en Dios, pero al rezar, acudo a él de manera personal y para asuntos personales.

Nací en una familia con papá, mamá, hermanos. Mis papás nacieron en una familia compuesta de la misma forma. Por eso, a mí me gusta la familia tradicional, natural o como quieran llamarle. Si llego a tener hijos, no me gustaría que alguno se volviera homosexual, y digo “se volviera” porque no creo tampoco la proposición de que homosexuales nacen. Soy retrógrada. Muchas veces me lo han dicho como si fuera algo malo. No le veo lo malo el que me guste una estructura social o el statu quo. Agradezco a Dios haberme criado bajo la protección de mi papá y mi mamá y al lado de mi hermana y mis hermanos. Me gustaría que el resto de las personas tuvieran la misma dicha, pero no voy a marchar por eso.

La lucha en contra del matrimonio entre homosexuales es una lucha perdida

Desesperanza

Pasan los años y se desgasta la esperanza. Alguien dijo que los humanos somos una especie detestable que no merece sobrevivir. Quien lo dijo, vivió momentos de crudeza y maldad. Yo no. Yo soy testigo y partícipe de cómo desgastamos nuestra vida siendo esclavos. Individuos que dirigen su vida hacia lo material. Ya no por comodidad. Por apariencia. Abandonos de familias en busqueda de metales y plásticos, mas no alimento. Repudio la búsqueda del “éxito profesional” por la vaciedad de éste. La gente se pierde. El ego se encuentra. Productividad, competitividad, liderazgo y posesión son los términos que destruyen este mundo. La plata dejó de ser plata. El dinero es una herramienta de supervivencia. No entienden. Es “el estiercol del diablo”, dice Francisco.

Pasan los años y despiertas: el mundo es tan frágil como una mentira porque está construido de éstas. La escuela es tan inútil como una joya.  No me leas, niño. No quiero que te des cuenta que no eres especial como tus padres te dicen. No vas a cambiar el mundo. No llores, no ser especial es bueno. No ser líder es bueno. No ser “diferente” es bueno. También si lo eres. “Nací solo”, dice un amigo. Entender esa frase hace inexistente el liderazgo. Porque todos quieren ser líderes. El liderazgo no es fuente de más amor, más salud o más vida. Moriremos solos.

Pasan los años y todo se resume a lo que dice otro amigo: “todo vale verga”. Desperdicio de tiempo en la búsqueda hastía de una misión o un camino. No existe. No existe porque no se necesita. En esta vida sólo cuentan el amor y el cómo te relacionas con la naturaleza. Jesús lo dijo hace 2000 años. Él sí era especial. El sí cambió al mundo. No como tú ni como yo. Ni como el niño que cree que es especial, pero que tal vez algún día abrirá los ojos. O no. Quizás nunca despierte y piense que su fracaso de ser o hacer “algo grande” ha sido su culpa. Yo lo sentí.

Desesperanza

Deberían darles seguro a los bomberos de Colima

Aunque en los últimos años ningún elemento del cuerpo de bomberos de Colima ha sufrido accidentes graves ni fatales que lamentar, no deberíamos esperar a que ocurra el primero para preocuparnos por el desamparo con el que labora cada de uno de sus integrantes, porque en la situación actual, ¿Quién respondería por ellos si algún daño físico llegaran a sufrir? ¿Quién respondería por ellos si sufrieran alguna incapacidad de por vida? ¿Quién respondería por sus familias, si por el ejercicio de su heróica labor, llegaran a faltar?

Los 180 elementos que conforman el Heróico Cuerpo de Bomberos de Colima, no cuentan con seguro alguno, o sea, ni médico, ni de incapacidad, ni de vida, ni por parte del gobierno del estado, ni por parte de los ayuntamientos, todo, por la excusa de que son voluntarios.

La modalidad del voluntariado puede ser debatible en cuanto a si es la más conveniente, o si convendría implementar la profesionalización, pero la realidad es que este esquema ha permitido tener un nutrido (en elementos, mas no financieramente) cuerpo de bomberos al servicio de Colima, y lo menos que podrían hacer los dos órdenes de gobierno, o sea el estatal y el municipal, es respaldar y soportar la vida de cada uno de sus elementos ante cualquier tragedia.

En muchas partes de México, el gobierno ha soltado la obligación de proteger a la población en casos de emergencias, cargándole esta responsabilidad a carentes direcciones de protección civil, a la Cruz Roja, y a los heróicos y sobrevivientes cuerpos de bomberos. Esto debe de cambiar.

Gran paso se dio hace unos años, cuando el entonces gobernador Silverio Cavazos, quien además de construir dos subestaciones y un cuartel en Tecomán, implementó la cuota de siniestralidad que sustenta a los cuerpos de bomberos y de protección civil, cuota que, por cierto, mal pagan los ayuntamientos. Pero falta mucho. Deberían los gobiernos estatal y municipales, no sólo aportar esta cuota de siniestralidad, no sólo aportar los $32,000 mensuales que da el estado, y los $8,000 la alcaldía, deberían también cubrir todos y cada uno de sus gastos de capacitación, de adquisición de equipo y herramientas, de insumos de operación (combustibles, agua, etc.) y de seguros de sus elementos, y dejar de escudarse en que es un patronato y no una dependencia gubernamental.

¿Quieren seguir con el esquema de voluntariado? Adelante, pero por lo menos respalden la vida de quienes se dedican a salvar vidas.

Deberían darles seguro a los bomberos de Colima