Mantenimiento

“Todo lo que crea el humano requiere mantenimiento”, dijo Bukele que le comentaron hace tiempo. El tema del mantenimiento es algo en lo que pienso seguido, porque en México, hay nula cultura del mismo, y como le dijeron al presidente de El Salvador: todo lo que creamos (y más), lo requiere. Lo requieren las construcciones, lo requieren las máquinas, lo requiere nuestro cuerpo y hasta nuestras relaciones.

En la búsqueda del querer alargar la vida, olvidamos que el mantenimiento es el procedimiento por el cual se alarga la misma. Es adelantarse a las fallas que atenten contra la estabilidad, la producción y la seguridad del objeto en cuestión. Es prevenir la enfermedad en el cuerpo, la descompostura en la máquina, la ruptura en la relación: “Sin mantenimiento, nada creado permanece”.

Muchas veces construimos dejando de lado el mantenimiento como parte esencial del diseño, en el que se planea la longevidad y durabilidad del producto.

Mantenimiento como repetición, como hábitos, como aburrimiento necesario para que lo que existe, lo siga haciendo. El mantenimiento, no como freno evolutivo, sino como esencia vital para poder seguir evolucionando.

El mismo mantenimiento ha evolucionado: mientras antes se buscaba la fiabilidad y disponibilidad del objeto a toda costa, ahora se enfoca en la seguridad y la menor afectación ante imprevistos, mismos que aparecen en todos los ámbitos: objetos físicos, naturales y relaciones personales.

Para cuestiones físicas, se me ocurre la siguiente pirámide, muy lógica, basada en la Ley de costos de Sitter, en donde el costo de oportunidad de seguir reparando o manteniendo, nunca debe de superar al de reemplazo.

En cuanto a las relaciones personales, y considerando la complejidad de las mismas, defino el mantenimiento como antagonista del pensamiento de descarte, rompiendo la idea de: usar-fallar-reemplazar. La filosofía nos habla de atención, de presencia, de permanencia. Esa permanencia que se traduce como el pensamiento de Martin Heidegger que dice que “no existimos de forma neutra, que siempre nos estamos ocupando de algo”. Es atender lo que ya es para que siga siendo.

El mantenimiento como característica elemental de la madurez personal: me hago cargo de lo que ya existe. Actúo hoy, para que el daño no ocurra mañana, no como una lucha contra el tiempo, sino como una responsabilidad ante la vida.

Mi 2025

Si alguien me asegurara que el próximo año va a ser parecido a este, lo firmaría sin dudarlo. Este año fue uno en el que los meses malos fueron muy, muy malos, y los buenos fueron extraordinarios.

Primero lo importante: agradecer a Dios porque mis padres se encuentran sanos. Lo mismo con mis hermanos y sobrinos. Agradecer que tuve mucho trabajo estos meses, y que nunca hizo falta ni lo básico ni lo importante.

Este año fue en el que se me fue mi Dolly, de quien aún no me acostumbro a su ausencia, y fue un golpe duro en el peor mes del año. En este año también, se infartó uno de mis mejores amigos, y aunque ya se encuentra bien, fue un golpe de realidad durísimo el que un amigo tan cercano pasara por eso. Este año también fue el de una nueva decepción amorosa, dolorosa, porque ingenuamente creí que sería algo para toda la vida, o al menos así lo quería. No se pudo. Por último, este año fue también el de altibajos financieros muy marcados, y es cuando pienso en aquella frase de “A veces nada el pato y a veces ni agua bebe”.

Sin embargo, me quedo con cosas para toda la vida, como caminar por Madrid junto a mi familia, ver al Papa a escasos cuatro metros de mí, caminar de noche todos juntos rumbo a la Torre Eiffel, cruzar la puerta santa de la Basílica de San Pedro, descansar en un café en Londres con mis papás y hermanos, andar en el metro de Roma con mi padre, visitar el Starbucks “más bonito del mundo” con Diego mi hermano, visitar Notre Dame con mi mamá, rezar en la Capilla Sixtina, estar sentado con mi papá en el Parque del Retiro, desayunar con mi hermana y mi sobrino en una taberna, convertirme en padrino de mi sobrino, ver nevar en Kansas City con mis amigos, etc.

Es el año en el que se comprometió mi hermano menor, a quien le deseo felicidad para toda su vida. El año que llegó el gato Canelo a mi casa. El año, en el que después de mucho tiempo en mi cabeza, materialicé “Niño de Piedra“, que estoy por abrir.

Hay tanto qué agradecer a Dios, que para cerrar, le agradezco poder ir en unos minutos, a tomar la última cena de este año con mi familia. Que el 2026 sea igual de bueno e igual de malo. A ti que me lees, te deseo lo mejor.

El entierro de Atala

No sé por qué cuando vi esta obra (Atala au tombeau) no pude dejar de verla. No sabía nada de ella. Solo vi la luz que rodeaba a Atala y a un hombre que no puede puede dejarla, en una insuperable expresión gráfica de amor.

La obra es una representación de la novela Francois-René de Chateaubriand. Atala es una mestiza cristiana que cumple un voto de castidad impuesto por su madre. Se enamora de Chactas, un nativo americano, a quien libera y con quien huye. Creyendo que si rompía el voto de castidad de su madre, iba a obstaculizar la salvación de su alma, prefiere tomar veneno. Chactas y el sacerdote Aubrey cuidan de ella, pero al final, ella muere. Ese momento es el que plasma la pintura.

Y en mi mente quedó grabada como si hubiera vivido ese momento. Como queriéndome decir algo aunque aún no logre captar el mensaje.

Leyendo sobre la obra, veo que la novela ha sido inspiración para muchas otros óleos y hasta de una escultura de Chactas. Pero ninguna así de poderosa.

Si quieren leer la novela, la biblioteca digital de Fundación Carlos Slim, la tiene en PDF y en EPUB.

Lo mejor, es que si un día me llego a topar con la que pregunta “Excuse me, could I ask you a question about art?” Ya sabré qué responderle.

Caricaturas y cosas de niños

Dicen que los hombres, a diferencia de las mujeres, toda la vida cargamos los gustos que adquirimos de niños: deportes, caricaturas, hobbies.

En lo personal, así ha pasado: permanece mi gusto por ciertas caricaturas y ciertos ídolos. Hubo caricaturas que me marcaron: primeramente los Thundercats. Recuerdo a Lion O y la “espada del augurio”. La fantasía de “ver más allá de lo evidente”.

Recuerdo mi primer viaje a Knotts Berry Farm, a los 5 años, en donde adquirí mi gusto por Peanuts y Snoopy. Se me sigue haciendo increíble cómo una tira de periódico ha trascendido tanto. Sin embargo, la caricatura que más me marcó fueron “Las tortugas ninja”. Sigo siendo fan hasta hoy, por lo que he visto todas sus películas. Hubo otras como Super Campeones o Caballeros del Zodiaco, que aunque me gustaban, no fueron relevantes para mí. Más tarde, el gusto por los Simpson que a la gran mayoría de mi generación nos gustó y que muchas veces seguimos usando como referencia.

Pero no solo son caricaturas. He “coleccionado” juguetes Playmobil durante años. Gusto que nace bajo el mismo concepto: aunque las dinámicas de fantasía con las que uno juega con sus juguetes de niño, quedaron en la infancia, el simple hecho de tenerlos guardados en su caja, evoca nostálgicamente una etapa más sencilla.

No todo los gustos por cosas infantiles los adquirimos de niños. Bluey es una caricatura reciente, y creo que es la caricatura más hermosa jamás realizada. Será que evoca a valores familiares que a su vez, transportan a “un pasado. mejor”. El gusto ya de adulto por una caricatura, es como agarrar un nuevo ídolo deportivo: un ícono que te genera emociones. Al final, los hombres siempre despertamos al niño que tenemos dentro.

Escribir para la eternidad

Hace quince años escribí un post acerca de escribir en papel en lugar de pantallas. Era el 2010 y ya tenía claro que para trascender en pensamientos, hay que escribirlos en papel. Lo he cumplido al mínimo. En papel plasmo, eso sí, lo más íntimo, aunque mucho de eso lo transmita también por canales digitales.

En el 2010 seguíamos en el boom de las redes sociales y del microblogging. ¿Cuántas ideas desaparecieron con Google Buzz, Geocities, Google Plus o MySpace? Todos hablan del conocimiento perdido (por su valor histórico) en la Biblioteca de Alejandría o los códices mayas o chinos, sin embargo, en cantidad, en huella histórica de la humanidad, estoy seguro que en nada se compara con la pérdida de información que ha habido con la desaparición de redes sociales. Muchos posts que he escrito a lo largo de mi vida, han sobrevivido por dedicarle el tiempo a migrarlos de un servidor a otro, pero estoy seguro que muchos también se perdieron en esos cambios.

Por eso, para trascender, hay que escribir en papel, que es autónomo de dominios y redes, e inmune (casi) al paso del tiempo. Tampoco va de darle permanencia a cualquier cosa. Lo digital funciona bien para lo efímero y temporal. Para lo que al rato o mañana perderá su valor. Pero definitivamente, hay cosas que son mejor expresar en la arena, y otras mejor grabarlas en piedra.

Amarse a sí mismo y otras falacias

La gente trae muy aprendida la mentira esa de “para poder amar a otro, primero debes amarte a ti mismo”, parte de las falacias que ha enseñado a lo que llamo el New Age Emocional, que hizo mucho eco en la sociedad por tantos vacíos que hay en nuestra generación: Desapego espiritual, exacerbación del individualismo, sobrestimación de lo material y lo superfluo, carencia de pensamiento crítico.

Y es que ahora resulta que para poder amar a otro, primero debemos amarnos a nosotros mismos, pero para amarnos a nosotros mismos, primero debemos de sanar (como si estuviéramos todos enfermos), y en eso, se nos va la vida y nos encontramos con generaciones solitarias, porque no nos enseñaron que el único objetivo del ser, es trascender a través de la procreación. No nos enseñaron que los humanos somos seres gregarios que debemos vivir en familia y comunidad. El problema es que ese New Age Emocional, permeó no solo los contenidos express de las redes sociales, sino las grandes producciones, los medios masivos, y hasta a los profesionales de la salud mental, convirtiéndose en parte de una agenda junto con muchos otros temas. Qué triste aspirar a estar terminado para poder amarse como condición para poder amar.

“Más vale solo que mal acompañado” es el viejo mantra de quien no quiere enfrentar la incomodidad de una relación, de quien espera encontrarse a una persona sin carencias ni heridas emocionales, como si un día nos completáramos en todos los sentidos. Se nos olvida que las personas no sanan, las personas transitan con cicatrices y heridas, que mientras unas cierran y duelen, otras nuevas se abren en un proceso que no termina.

Contrario al amor egoísta que predica esa moda, el amor por otra persona es vida para el que no se ama, es curación para el herido (que todos lo estamos), es proyecto de vida para el desorientado, es trascendencia e inmortalidad. El verdadero amor no es el propio, sino el que ofrece tiempo y vida por el otro, así como otros ofrecen lo mismo por la nuestra.

Dolly

Ya pasó un mes de que Dolly no está y no había podido escribir sobre su recuerdo porque Julio fue complicado. Recuerdo cuando llegó a mi casa como un favor para cuidarla solamente dos semanas. Yo tenía apenas 15 días viviendo en esa casa y no estaba en mis planes hacerme de una mascota. Dolly tenía 4 años, yo 28. Recuerdo el susto que me sacó la primera noche cuando empezó a aullar en la madrugada. Los primeros días que se me escondía debajo de la escalera.

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Siempre fue una perrita muy educada: hacía sus necesidades donde debía y la podía sacar sin correa sin miedo a que se escapara. Fue una perra fuerte: sobrevivió a la piometra y a un ataque de una pitbull. Incluso llegó a morder a Mocoso que era mucho más grande que ella. Nunca le gustaron mucho los niños ni las fotos. Nerviosa como era, se supo adaptar rápido cuando llegaron Morro y Mocoso a vivir con ella, pero nunca se adaptó a mi estancia en Guadalajara, en donde me acompañó un corto periodo.

De mis tres perros, fue la primera en llegar y la última en irse. Me acompañó 12 años en cuatro casas. Disfrutaba ir a casa de mi madre quien la chiqueaba mucho. Nunca le gustó dormir en camas por más que le compraba: siempre dormía en el suelo.

Dudo llegar a tener perro más hermoso. No había día que saliera sin que alguien hiciera un comentario de lo bonita que era. Gracias por esos 16 años que hiciste este mundo más bonito. Ya te estoy extrañando.

Ausencia

Me doy cuenta que no había escrito en todo el año en mi blog. Lo único que tenía era unos posts acerca de política gringa, de aquel momento en el que se me ocurrió poner mi dominio principal en un blog político… ¿Qué estaba pensando?

Este mes ha sido un mes difícil, de mucha instrospección, de agradecimiento, de ponderación. De arreglar (o intentar, al menos) todo tipo de cosas: personales y materiales. Ahora sí que, en este Julio, me ha llovido más a mí que a la ciudad. Son rachas de la vida, pues, y al final, todo se acomoda.

Mi 2024

Este fue un muy buen año. Hubo trabajo. Al igual que cada año, hubo gastos pendejos. Qué mal es hacerlos pero qué bueno es poder hacerlos. Viajé a lugares que no hubiera planeado en donde conocí lugares que no hubiera imaginado, como un bar culerillo en Miami que no recuerdo su nombre, o el café más acogedor que conozco.

En cuanto a aspectos importantes, (haciendo a un lado al dengue y al COVID) hubo salud. Tuve la oportunidad de visitar a amigos que tenía tiempo sin ver. Tuve a mis padres sanos un año más. Nació mi sobrina María (la segunda nieta de mis padres). Doy gracias a Dios por estas bendiciones.

Fue mi último año en mis treintas y sigo con muy malos hábitos como dormir mal y comer peor. Este año cambiaré eso porque no me estoy haciendo joven. Dijera Ibai: lo intentas, te equivocas, te levantas,.. y me la pela, me la pela, me la pela, me levantaré como un auténtico hijo de la gran puta.

Se me ocurre poner aquí la mejor película que vi: “Días perfectos” y la mejor canción del año: “Die with a smile“, sin duda.

Pudiera cerrar este post con un “¡trakas!” pero no voy a cerrar este post con un “¡trakas!“. Gracias por leerme. Que Dios bendiga tu vida.

Olimpiadas

Son pocos los juegos olímpicos que podemos disfrutar en la vida: si a caso 18 o 20 celebraciones. Estos serán mis décimos, iniciando en Seul 1988 (los cuáles no recuerdo porque tenía tres años) y siendo los últimos los de Tokio 2020, los de la pandemia.

Siempre he dicho que si tuvieran que eliminar las Olimpiadas o el mundial, no dudaría en que el mundial no se realizara nunca más. Y es que no hay nada como esa hermosa sensación de prender la televisión y ver que todo el día hay transmisiones de deportes que uno no suele ver día a día: atletismo, natación, gimnasia, tiro con arco, clavados. Aunque personalmente me gusta más la primera semana, la de agua, también disfruto demasiado el atletismo en la segunda semana.

Durante las Olimpiadas he adoptado ídolos: Michael Johnson en los 400 metros en Barcelona, Atenas y Sidney. Maurice Green en Sidney 2000, Iahn Thorpe en Atenas 2004, Michael Phelps en Atenas, Beijing y Londres, Usain Bolt en Beijing, Londres y Río. También recuerdo ver la injusticia con la que arrebataron pasar a la final de Taw Kwon Do al mexicano Victor Estrada en Sidney. Y cómo no, también el fiasco que fue Alejandro Cárdenas en los 400 m.

Los Juegos Olímpicos son el evento más grande que ha creado la humanidad, pero para este año, siento que se difuminan. Se pierden entre las guerras, la oferta de streamings y la distracción que producen Instagram y TikTok. El 26 de Julio se inauguran en París, y ya no hay cuentas regresivas que nos recuerden cuántos días faltan para encender el pebetero como sucedía muchos años atrás. Ya no hay campañas que incluyan reportajes de absolutamente todo lo relacionado a los Juegos Olímpicos como en las décadas pasada y antepasada. No es que las Olimpiadas se hicieran chicas, sigue siendo el evento de mayor grandeza y honor que existe en la humanidad. El único evento que consagra personajes tan históricos para la humanidad como muchos guerreros: Mark Spitz, Carl Lewis, Nadia Comaneci, Usain Bolt, y claro, Jesse Owens, y por supuesto, el más grande: Michael Phelps.

La multiplicación de los medios, y la pérdida del control de la información, desenfocó la atención que los Juegos Olímpicos merecen. También creo que como consecuencia de eso, se convirtió en un desinterés generacional: Hoy no parece haber muchos jóvenes emocionados por ver a Simone Biles o a Katie Ledecky, las más grandes de la historia en sus disciplinas.

Lastimosamente, nos convertimos en una sociedad distraída, que le quitó el justo lugar a todo, que olvida e irrespeta las más grandes creaciones de la humanidad, y en ese ritmo, las Olimpiadas están condenadas a convertirse en un evento cada vez más intrascendente. Qué desgracia.