Adiós, Morrito.

Realmente conocí poco de él. Llegó a mi vida hace casi tres años después de que mi hermana lo recogió solitario y desnutrido en una gran avenida del DF. No sé qué tanto sufriría en la calle, pero su triple fractura de cola, su pata delantera chueca (por mal soldada), y la pérdida de dientes, fueron huellas de una vida difícil en la calle. Por su edad, ya no veía ni escuchaba muy bien. Yo digo que tenía 14 años pero en realidad no lo sé. Lo que pasa es que hace casi tres años que llegó a mí, me dijeron que tendría unos 11 o más. Por eso sentí siempre la obligación de cuidarlo y consentirlo más que a mis otros dos perritos. Y así fue. Aquí comió, engordó, jugó y durmió todo lo que quiso. Se adueñó de mi sala, y aunque nunca lo regañé por eso, añoraba tener mi sala limpia un día. Hoy ya no la quiero. Ese era su lugar favorito, en donde dormía horas y horas, como descansando de muchos años de sufrimiento. Aunque gozó de buena salud todo este tiempo, sus riñones ya no pudieron más. Se me fue muy rápido y ahorita ya está descansando. Ojalá en donde esté tenga un sillón en el que pueda seguir durmiendo a gusto. Lo extraño mucho.

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Adiós, Morrito.