Hay una canción que me evoca a no sé dónde. Se llama Tindu o “colibrí” en mazateco. Trata, según Mirabai Ceiba (sus autores) sobre lo efímero de la vida. Existe la teoría de que fue escrita para un hijo que perdieron, aunque no lo pude confirmar. Si fuera así, no puedo imaginar creación más bella en honor a un hijo que partió antes que sus padres.
Hace unos años, asistí a un taller de tanatología, y aunque no tengo hijos, me quedó claro que el único dolor que no pudiera soportar sería la pérdida de uno, porque, aunque rezamos en el Padre Nuestro “hágase señor tu voluntad”, de todas sus voluntades, tal vez la muerte de un hijo es la más incomprensible y dolorosa.
Alguna vez leí que la felicidad está sobrevalorada porque no produce obras tan bellas como lo hace la tristeza. De ser cierta la teoría del hijo, Tindu sería la prueba de ello.